El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió detener la ofensiva contra Irán en julio de 2026, tras evaluar los riesgos de un conflicto prolongado que amenazaba con agotar recursos militares, desestabilizar la economía y desatar una crisis regional.
Altos mandos del Pentágono advirtieron que las reservas de misiles interceptores Patriot y otras municiones críticas estaban disminuyendo rápidamente, lo que dejaba vulnerables las bases estadounidenses en Medio Oriente. La muerte de tres soldados en Jordania, tras un ataque con drones y misiles iraníes, reforzó la preocupación sobre la capacidad defensiva en la zona.
En el plano económico, la escalada elevó los precios del petróleo a niveles críticos, generando temor de un impacto inmediato en la inflación y en los mercados internos.
La decisión también respondió a presiones diplomáticas. Asesores cercanos recomendaron suspender los ataques y abrir un canal de negociación, especialmente en torno al control del Estrecho de Ormuz, vital para el comercio mundial de crudo. El presidente optó por frenar la ofensiva para preservar alianzas estratégicas en el Golfo y evitar un conflicto regional mayor.
La medida abrió una tregua temporal, pero la situación sigue siendo frágil. El desenlace dependerá de los esfuerzos diplomáticos y de la capacidad de ambas partes para contener nuevas provocaciones en Medio Oriente.

