Comienzo señalando que no estoy de acuerdo con que se prohíba la publicación de encuestas electorales. En la sociedad circula todo tipo de información, verdadera o falsa (cada vez más falsas). Las encuestas son una fuente más, correctas o no.
Nadie tiene absoluta certeza sobre la confiabilidad de una encuesta, aunque publiquen el diseño metodológico y el margen de error. El aval más importante proviene del historial de la empresa encuestadora y de quien patrocina la encuesta.
En las encuestas electorales, el historial de una encuestadora es muy importante porque hay una realidad para contrastar: los resultados electorales. Las encuestas que más se acercan al resultado final de las votaciones son las más confiables hacia el futuro, y la credibilidad de quien patrocina agrega confianza.
Ahora bien, aún con un buen diseño metodológico, las encuestas electorales realizadas con mucha antelación raras veces reflejan lo que ocurre al final. Decir que son una fotografía del momento no las libera de errores.
Por ejemplo, cuando una encuesta electoral pregunta ahora a los dominicanos por quién votarían si las elecciones fueran hoy, está formulando una pregunta con un margen de error muy grande porque las elecciones no son hoy, todavía no se sabe quiénes serán los candidatos, no se ha realizado la campaña donde se definen los perfiles de los candidatos, y la ciudadanía no está enfocada en las elecciones.
Si una encuesta dice tener un margen de error de más o menos 3% en su diseño metodológico (asumiendo que es una encuesta profesional), el error de esa pregunta es mayor por las razones indicadas.
Peor aún, a partir de los datos obtenidos sobre la intención de votos actual, los reportes y comentarios extrapolan a lo que ocurrirá en el 2028. Por ejemplo, si ningún partido sobrepasa el 50+1 de preferencia dicen que nadie gana en primera vuelta.
Son interpretaciones incorrectas porque utilizan los resultados del presente para proyectar un evento del futuro. En procesos electorales, dos años puede ser mucho tiempo porque un momento no electoral es distinto al electoral.
Otro problema que afecta las encuestas electorales actualmente es la cantidad de personas inescrupulosas que presentan datos falsos en los medios de comunicación y las redes sociales para aupar determinados candidatos y moldear la opinión pública sobre diversos asuntos.
En un mundo donde la mentira se justifica con la libertad de expresión, las encuestas electorales están destinadas a ser cada día más manipuladas, a perder credibilidad, y a generar tendencias que de ser falsas se convierten eventualmente en realidades.
La prohibición de la publicación de encuestas no es la solución a este problema. Un mejor camino es lograr que entidades con credibilidad publiquen encuestas bien realizadas y presenten interpretaciones en función de lo que permiten los datos. Así se disminuyen los errores, algunos garrafales.
El aporte que puede hacer la Junta Central Electoral es llevar un historial de las encuestas electorales realizadas, identificando la empresa encuestadora, la fecha de publicación de cada encuesta, la metodología y los resultados y colocar esta información en su portal para consulta pública.

