Fraila Méndez conserva en la memoria la voz «ñoñita», las ocurrencias y hasta la ropa que llevaba su hijo de seis años cuando desapareció.
“Hay momentos que escucho su voz decirme que no deje de buscarlo”.
Con el alma rota, Fraila Méndez relata al periódico HOY cómo ha sido vivir desde 2022 sin saber dónde está su hijo, Luis Ángel González Méndez, quien tenía seis años cuando desapareció.
“Yo solo le digo en voz alta: mi hijo, espérame, solo aguanta un poco más”, cuenta.
Han pasado más de cuatro años desde aquel día y, mientras espera que la justicia avance, Fraila se aferra a los recuerdos de su pequeño.
Recuerda que Luis Ángel era mellizo, que jugaba mucho y que disfrutaba observar a los animales pequeños. “Las abejas, hasta que no lo picaban, no la dejaba tranquila”, recuerda entre los detalles que conserva de su hijo.
Luis Ángel junto a su hermano
También recuerda que le gustaba ponerse las cosas de los adultos. Pero, sobre todo, recuerda su voz.
“Recuerdo todo, especialmente su voz ñoñita, al decirme: ‘mi may, tengo frío’, ‘no me quiero bañar’, ‘me gusta esa avenita que tú me haces’; sus ojos grandes y mirarme con ternura”, relata con tristeza.
Luis Ángel cumplirá 11 años en noviembre.
Fraila también recuerda cómo vestía el día de su desaparición: un polochecito verde claro y un pantalón corto.
“Yo confío en Dios, yo lo voy a encontrar”
La ausencia de su hijo también aparece en sus sueños.
Luis Ángel junto a su hermano
“Me he soñado en varias ocasiones que lo encuentro, o que estoy en salas de audiencia y a él lo llevan de la mano, que ya lo encontraron. Siempre me sueño que lo encuentro, y yo confío en Dios, yo lo voy a encontrar”, dice entre sollozos.
Su esperanza convive con una espera que, asegura, no ha terminado.
¿Cómo desapareció?
Fraila asegura que Luis Ángel fue secuestrado el 6 de febrero de 2022 y señala directamente a su expareja, Anderson Daniel Pérez González, como responsable.
Afirma que la desaparición ocurrió en medio de los conflictos que ambos mantenían después de terminar su relación y de que ella iniciara una nueva pareja.
Luis Ángel junto a su hermano
“Él me dijo a mí que me iba a dar donde más me duele porque yo le dañé su mundo”, recuerda.
Méndez cuenta que ella y Anderson tienen un hijo en común, Daniel, y que, después de la separación, él se llevó al niño porque ella trabajaba.
El día de la desaparición, según su versión, Anderson acudió a la casa para dejar a Daniel. Luis Ángel y otros niños se encontraban afuera jugando con una tableta.
Este documento es una de las pruebas de las investigaciones periciales qué señalan que la llamada qué hicieron pidiendo el recaste, salió desde la recidencia de Anderson.
“Él fue a la casa y le dio 10 pesos a todos los niños, menos a Luis Ángel, para poder así aprovechar que todos se fueran a comprar y él llevarse a Luis Ángel”, sostiene.
La madre asegura que una cámara de un colmado captó el momento en que Luis Ángel aborda el vehículo.
“Se ve entrando en la puerta trasera. Él se lo llevó. Él todavía niega que no fue él”, afirma.
Las amenazas que, según su madre, precedieron a la desaparición
Fraila también relata que, antes de la desaparición, ya existían amenazas.
“Él me había dicho que iba a cometer una locura el mismo día de la desaparición de mi hijo, que ya venía arrastrando un lazo de amenazas. Dijo que iba a cometer una noticia, que iba a ser noticia”, cuenta.
Según explica, ella intentó comunicarse con Anderson porque este se encontraba con Daniel, el hijo que ambos tienen en común.
“A mí lo que me llegó a la mente fue que él se podía quitar la vida frente a Daniel”, relata.
“Hay momentos que escucho su voz decirme que no deje de buscarlo”: la tortura de 4 años sin el niño Luis Ángel
Méndez cuenta que Anderson le dijo que estaba en el balneario María de Neyba, pero cuando ella llegó al lugar no lo encontró.
Posteriormente, señala, él le propuso encontrarse en un lugar conocido como “Batey 3”, pero su cuñado le recomendó que no acudiera porque, según cuenta, era un sitio solitario.
Ella le propuso entonces encontrarse en el sindicato de Tamayo.
“Él bajó un poco del cristal del carro solo para preguntarme si yo me iba a montar, pero yo le dije que no y él aceleró”, relata.
En ese momento, asegura que pudo observar a Daniel recostado en el asiento delantero del vehículo.
Al regresar a la casa, la búsqueda de Luis Ángel ya había comenzado.
“Cuando llegamos a la casa, ya andaban buscando a mi hijo. Mi hermana me dijo: ‘Mira, no encontramos a Ángel’”.
La llamada por el rescate
Fraila también sostiene que el 24 de febrero de 2022 recibieron una llamada en la que se exigían 2 millones de pesos por el rescate del niño.
Llamada pidiendo rescate por el niño Luis Ángel
Según afirma, los investigadores determinaron que la llamada salió desde la residencia de Anderson y del número telefónico de quien era su novia en ese momento, Joanni Méndez.
La madre cuestiona además la versión que, según ella, ambos ofrecieron sobre cómo se conocieron.
Señala que Anderson y Joanni dijeron que se conocieron durante el proceso, pero asegura que existe un informe pericial que indica otra cosa y que registra una llamada entre ambos el día anterior a la desaparición de Luis Ángel.
También afirma que Anderson ha dicho que estuvo dos veces en su casa, mientras que, según un informe de cámaras que ella menciona, habría acudido ocho veces.
“Mi hermano, se lo robaron”
Entre las pruebas que Fraila tiene, está también la entrevista realizada a Daniel, su otro hijo, mediante Cámara Gesell.
“Hay momentos que escucho su voz decirme que no deje de buscarlo”: la tortura de 4 años sin el niño Luis Ángel
Según relata, cuando le preguntaron por su hermano, Daniel respondió: “Mi hermano, se lo robaron”.
Y al preguntarle quién, asegura que contestó sin titubear: “Mi pai”. “Se lo llevó en un carro”, añadió, según el relato de su madre.
En los tribunales
Méndez sostiene que el caso continúa abierto y que actualmente se encuentra en una nueva etapa judicial, luego de que los acusados fueran puestos en libertad.
“Estamos a nivel de juicio de fondo, de una apelación, porque ellos fueron puestos en libertad. Supuestamente, la presidenta del Colegiado de Barahona dijo que las pruebas no eran suficientes y los soltaron. Entonces, el Ministerio Público y los abogados apelamos la decisión y se ordenó un nuevo juicio porque comprobaron que violaron el debido proceso”, explica.
Según su relato, la primera audiencia fue fijada para el 1 de febrero de 2025, pero ha sido reenviada en varias ocasiones porque, afirma, “siempre pasa algo”.
Este reportaje forma parte de una serie de historias con motivo al Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas que se conmemora cada 30 de agosto.

