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Un significativo vacío de leyes esenciales para la nación derivan, evidentemente, de interminables esperas en órganos legislativos de conciliaciones de intereses sectoriales que no deberían pesar al punto de estancar legislativamente al país. Se niegan al sistema institucional conjuntos estructurados de normas jurídicas para sostener, organizar y regular la vida ciudadana atrapados en la irritante incapacidad de dar un paso al frente por un difuso temor a reacciones adversas de cualquiera de las partes de la vida nacional situadas en las rigideces de sus conveniencias ante las cuales voces de la opinión pública debería decir: ¡Ya basta! Sus pataleos se vaticinarían inevitables si en las votaciones camerales termina primando lo que más convenga a la nación, con lo que quedarían sin pito y sin flauta aquellos que no cesan de halar para sus lados.
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