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    De fobias y perniciosas coincidencias


    Recientemente, los resultados de algunas encuestas sitúan a un personaje de las redes sociales en una posición relativamente mejor que algunos aspirantes presidenciales de los llamados partidos tradicionales, aunque en extremo lejano de los principales pretendientes, reales o percibidos, de esas colectividades. 

    Sobre ese tema, son tantas las exageraciones, como las expresiones del inveterado e impúdico oportunismo en que discurre a la práctica que guía a algunos grupúsculos y dirigentes políticos, como el modo operandi de varios hacedores de opinión.

    Encandilados por los resultados que algunas mediciones le atribuyen a una persona cuyo apodo alude la esencia de su real perfil, algunos barajan “alianzas” y “coincidencias” con él. Un alto dirigente del PLD habla de su “eventual peso electoral” y del recíproco afecto que existe entre el personaje y quien hasta ahora parece ser el aspirante a la presidencia de ese partido mejor situado. Un miembro del clan familiar trujillista convertido en grupúsculo político/parasitario de extrema derecha, habla de la eventual coincidencia de su grupo con el personaje de marras.

    El discurso del personaje se nutre del miedo, de la intolerancia, de las fobias que potencian los tiempos de crisis. Fue notoria su tremebunda participación en la manifestación xenofóbica de los ultranacionalistas en el Hoyo de Friusa y que alentaron no pocos generalotes, políticos y hasta intelectuales enquistados en determinados partidos, además de grupúsculos del sistema que discursivamente coinciden con él. Por tanto, este no es sólo fruto del abandono, marginación y reclusión en que discurre la cotidianidad de importantes franjas de los sectores populares.

    En ese sentido, también se sienten abandonadas pequeñas franjas de las capas medias agobiadas por la incertidumbre de la crisis de entendimiento que jalona el mundo actual. Estas se identifican con el discurso del personaje en cuestión, por lo cual no es un tema sólo de pobres, sino de sectores que se sienten excluidos y que encuentran sentido a sus vidas y acciones en el fácil relato del chivo expiatorio como origen de todos los males y amenazas para ellos en particular y para la nación.

    Aunque cuidadosamente matizado, con esta fábula es que algunos políticos de aquí como de fuera han querido construir su imagen presidenciable, presentándosele una sorpresiva coyuntura que los enfrenta al monstruo de su creación. Algunos quieren instrumentalizarlo, y los más no saben cómo enfrentarlo. Entenderán ahora esa constante que ya es casi una ley en la vida política: quien compite con un adversario asumiendo la esencia o parte del discurso de este, termina siendo superado. Derrotado.

    De alguna manera, algunos elementos del discurso populista ultraderechista se han aposentado en la cabeza de pretendidos progresistas y de determinados miembros de los partidos tradicionales. Todos tienden a asumir esa perorata en sus competencias por el voto en el próximo torneo y electorales políticas o electoral, y el uno deberá ser más radical que el otro. Sin embargo, no es descartable que al final se imponga eso que llamo el gusto del dominicano por la libertad. Creo que, independientemente de los eventuales resultados que obtengan los partidos o candidatos que usen el lenguaje populista, al final habrán labrado el camino hacia su perdición.

    Presidente de la República Dominicana, Luis Abinader Corona



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