El desarrollo de las ciudades dominicanas, marcado durante siglos por un crecimiento espontáneo y de herencia colonial, experimentó un punto de inflexión definitivo a mediados del siglo XX.
La promulgación de la Ley 675 sobre Urbanización, Ornato y Construcciones, en el año 1944, sentó las bases jurídicas y técnicas para la profunda transformación urbana que daría paso a la modernización de la República Dominicana.
Antes de la entrada en vigencia de esta normativa, las demarcaciones crecían sin un plan rector estricto. Las viviendas y comercios solían levantarse sin criterios uniformes de ventilación, seguridad estructural o alineación con el espacio público.
Ley 675
Con la Ley 675, el Estado dominicano estableció por primera vez un marco regulatorio integral y obligatorio que exigía la tramitación formal de planos y permisos de edificación, sometiendo los diseños arquitectónicos a la rigurosa revisión de las autoridades de obras públicas y de los ayuntamientos municipales.
Uno de los mayores impactos visuales y funcionales de esta legislación fue la reconfiguración del paisaje de las calles dominicanas. La normativa introdujo conceptos que hoy parecen elementales, pero que en su momento fueron revolucionarios para el ordenamiento del país. Entre ellos destacó el respeto riguroso a los linderos (la distancia obligatoria entre las edificaciones y los límites de la propiedad), la estandarización del ancho de las vías vehiculares, la exigencia de aceras para los peatones y la imposición de reglas sanitarias estrictas de iluminación y ventilación natural.
Estas normativas pusieron freno al hacinamiento y permitieron el diseño de ensanches residenciales mucho más amplios y organizados. Sectores emblemáticos de la capital, como el tradicional perfil de Gazcue, consolidaron su desarrollo urbano amparados en las directrices de ornato y retiros frontales que exigía esta ley. El modelo de «ciudad jardín», caracterizado por viviendas rodeadas de áreas verdes, amplios frentes y separadas de la acera pública, fue posible directamente gracias a las regulaciones de distanciamiento estipuladas en el documento legal.
A lo largo de las décadas, y a pesar del vertiginoso crecimiento demográfico y la posterior verticalización de las metrópolis dominicanas, la Ley 675 se mantuvo como el pilar central de los códigos de construcción nacionales. Aunque el paso del tiempo y las nuevas tecnologías han requerido reglamentos modernos complementarios, históricamente se le reconoce como el primer gran manual técnico que ordenó el territorio y le enseñó al país a edificar con visión de futuro.

