La elección del presidente Luis Abinader como presidente del PRM en una asamblea de delegados del partido el pasado domingo completa la trilogía: tres presidentes de la República Dominicana (dos expresidentes y el actual) presiden sus respectivos partidos.
Hace unos años esa parecía una característica del peledeísmo, o así lo consideraban diversos opinantes. Ahora es la realidad de los tres partidos principales: del PRM que presidirá Abinader, del PLD que preside Danilo Medina y de la Fuerza del Pueblo que preside Leonel Fernández. Ninguno de los tres parece dispuesto a dedicarse a otras actividades después de salir de la presidencia.
En el caso de Leonel Fernández la situación es incluso mayor. No solo preside su partido, también insiste en volver a gobernar el país, después de haberlo hecho tres veces por un total de 12 años. De los tres, él es el único con posibilidad constitucional de postularse nuevamente como candidato presidencial, por una reforma que él mismo gestionó en su último gobierno. Desde que salió del poder en el 2012 intenta volver.
Uno se pregunta: ¿es que los presidentes dominicanos no saben dedicarse a otras actividades? ¿Por qué quieren seguir acaparando poder político y gestionando la política?
Felipe González llamó una vez a los expresidentes floreros chinos que nadie sabe dónde poner. En el caso dominicano, tampoco ellos saben ponerse fuera de presidir sus partidos.
Uno de los principales argumentos a favor de que los presidentes presidan sus partidos es que, de no hacerlo, se desmoronaría la estructura o la unidad partidaria, porque los seguidores respetan sobre todo al jefe. Otro argumento en la misma línea es que nadie tiene más experiencia o seguidores para armonizar los intereses enfrentados dentro de sus partidos y mantener la unidad partidaria.
No voy a negar cierta veracidad a esos argumentos, pero la razón principal, pienso, es que esos presidentes quieren seguir teniendo poder; sea para contar con un sistema de protección ante los ataques que reciben al salir del poder, o para mantener una masa de adeptos a usarse según fuere necesario.
Claro, presidir un partido no conlleva tanto poder como presidir el país, pero es, digamos que, lo segundo en la jerarquía del poder político.
La República Dominicana viene de una larga tradición caudillista. Se ha avanzado en la democratización durante los últimos 50 años, pero el caudillismo aun pesa, y una de las maneras en que se expresa es precisamente en esa necesidad de los presidentes de seguir dirigiendo en la política.
La prohibición de la repostulación consecutiva más allá de dos veces ayudará con el tiempo a crear una camada de expresidentes. Ya Medina está en ese estatus y Abinader lo estará en dos años.
Falta todavía que los expresidentes entiendan que en sus partidos hay otros con talento para presidir el país y sus partidos.
No siempre hay que estar en la lucha mundana por el poder político, y menos después de haber ostentado el cargo de presidir el país.
Se necesitan expresidentes que ayuden a resolver los grandes problemas de la sociedad dominicana sin un interés electoral inmediato.

