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Tránsito y transporte


Juego con mi buena memoria (de dos elefantes). Carlos Federico Pérez escribió “Juan mientras la ciudad crecía”. Leído hace 65 años, lo que mejor recuerdo es el título. Y es que he visto crecer esta ciudad hasta desbordar el límite del ave. Lincoln hacia el oeste, la calle Marcos Ruiz hacia el norte, la avenida Duarte hacia el este. Soy partícipe del extraordinario desarrollo de la zona oriental de la ciudad.

Todo ese crecimiento desbordado, caótico, irregular y medalaganario, lo pagamos todos debido a la ineptitud de autoridades que van y vienen, hablan, dicen y hacen lo que no es o dejan de hacer lo que es.

Hay un concierto entre gobiernos y autoridades que pasan de uno a otro período y continúan impertérritos insistiendo en el error, aplicando un librito, impartiendo instrucciones, que hacen girar más o menos rápido el desarrollo.

Insisto, buena parte del problema se resuelve con una cirugía sin anestesia: la colectivización del transporte público.

El primer primero: disponer vehículos limpios, bien mantenidos choferes uniformados y educados. Esos vehículos recorrerán rutas creadas para que los empleados puedan llegar a tiempo a sus lugares de trabajo. Además, desaparecerán los atascos en el tránsito.

Segundo paso: prohibir la importación de autos para uso privado mediante un arancel que duplique por 10 el costo del vehículo, y un impuesto de matriculación que disuada la compra del automóvil, el transporte público haría el trabajo.

Tercero: reorganizar la policía de tránsito, crear tribunales especiales que apliquen la ley de inmediato para asuntos menores.

Cuarto: regular efectivamente los lugares de estacionamiento y los puntos que sean propios para aparcar en las calles.

Algunos genios de la economía y la administración alegarán que disminuirían mucho los ingresos arancelarios ese es otro cantar, que cobren lo debido, que eliminen las exenciones, que se graven y se cobren tributos a quienes tienen tierras ociosas. Y que no se cobren impuestos en la misma proporción a ricos y pobres.

Esta propuesta de reorganización del sector transporte contribuiría, además, a una disminución enorme en el consumo y malgasto de combustibles.

Desaparecerían los cientos de miles de vehículos que permanecen estacionados en cualquier calle del país mientras la gente va a su trabajo y el auto está al frente de 8 de la mañana a 4 y media de la tarde ¿Vale la pena seguir esta hemorragia de mala inversión en carros privados cuando se puede hacer el trabajo usando transporte colectivo?

Imagen de referencia

Bonaparte Gautreaux Piñeyro



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