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    ¿Qué ve la multitud ante la tragedia?


    Por Miguel Aristy Rodríguez

    HOY ha vuelto sobre una pregunta que habíamos dejado abierta: Cuando se intenta llegar al fondo de una conducta, ¿hay realmente un único fondo? El trabajo de Hainan Reynoso busca ahora la respuesta con un psicólogo social y un sociólogo. Aparecen palabras como la desindividualización, el contagio emocional, el anonimato, la impunidad y el aprendizaje social.

    Hay, sin embargo, un hecho que merece detener la búsqueda. Veamos: Un camión vuelca. Hay mercancías esparcidas y posiblemente personas que necesitan auxilio. Unos corren hacia la carga; otros hacia los heridos. La sensibilidad recibió la misma escena. ¿Qué ocurrió después? Puede haberse adelantado una respuesta automática, no pensada: ventaja.

    Alguien toma una caja. Otro comprueba que puede hacerlo. Lo que era mercancía ajena aparece ahora como oportunidad. Cinco lo hacen; después diez; después veinte. El propio artículo describe esa transformación.

    Entonces cabe invertir parcialmente el hecho: primero la observación y después la explicación, quizá no sea primero la multitud la que produce la conducta. De hecho la enseñanza condiciona para funcionar por impulso, sin raciocinio: Una conducta que aparece promisoria encuentra en la multitud, acostumbrada, el medio para reproducirse. El contagio sería entonces también consecuencia. Esto ayuda a comprender por qué no todos siguen a la multitud. En la misma escena hay otro modelo disponible: alguien auxilia al accidentado. Pero la respuesta automática que ya se adelantó encuentra y sigue aquello que coincide con ella.

    Bandura, citado en el artículo, mostró la enorme fuerza del aprendizaje mediante modelos. La pregunta puede colocarse todavía un instante antes: ¿Por qué un modelo es seguido y otro no? Antes de valores, explicaciones y decisiones están los condicionamientos y la sensibilidad que no está condicionada. No elige. Recibe el incendio, la mercancía, el peligro, la multitud y al otro.

    No necesita «ponerse en los zapatos del otro». El otro ya está ahí.

    Pero si una respuesta automática se adelanta —ventaja, temor, imitación, interés—, lo recibido queda reducido a aquello que esta respuesta utiliza.

    Quizá por eso seguimos buscando el fondo y encontramos siempre otra explicación. El fondo podría no ser otra explicación. Podría comenzar justamente con los reflejos rápidos, antes de que lo conocido explique, seleccione y responda por nosotros.

    (El autor es neurólogo-psiquiatra y filósofo conductual).

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