Los hombres tenemos mayor riesgos psicosociales y emocionales de padecer trastornos mentales y sus consecuencias o impacto en las diferentes etapas de la vida. La cultura, la crianza y los roles asignados por la sociedad han imposibilitado que, los hombres tengan miedo de expresar sus emociones, hablar de sus sentimientos y manifestar “debilidades emocionales” por temor al estigma o señalamiento social de: “hombre de poco carácter” “flojo y acoñao” “los hombres no lloran” o “deben guardarse lo que sienten”.
De ese aprendizaje psicoemocional y social, se construyen sistema de creencia distorsionado y limitante en los hombres como expresión y resultado de la cultura machista que, ha imposibilitado la búsqueda de ayuda de la salud mental, de la orientación, acompañamiento, diagnósticos temprano que sirvan de prevención y de evitar complicaciones severas o disfuncionales.
Cientos de hombres prefieren vivir en silencio, esconder sus emociones, justificar sus acciones y negarse a buscar o recibir la ayuda psicológica o psiquiátrica de forma racional y objetiva.
Otras limitantes de los masculinos son, el no contar con comité político y central de los afectos y empatía emocional frente a un duelo, divorcio, crisis emocional, financiera o pérdida laboral. Las mujeres se apoyan, se acompañan, hablan, se dan seguimiento y acuden a psicoterapia. Los hombres prefieren el refugio en el alcohol, la soledad, el silencio y jugar al fuerte y al tiempo.
Los traumas mentales más frecuentes en hombres son: esquizofrenia, depresión, ansiedad, abuso y dependencia de droga y alcohol, ludopatía, suicidio, entre otros. Además, de los trastornos de personalidad: paranoide, obsesivos, narcisistas, psicópatas y esquizoide.
Las estadísticas hablan sobre el aumento del trastorno y las enfermedades en la población masculina joven, de la dificultad para realizar diagnóstico temprano, medicación y buenos seguimientos médicos, según género y edad.
Es evidente como la genética, los factores de riesgos psicológicos, la falta de madurez emocional, y las enfermedades físicas, se convierten en factores de comorbilidad frente a los trastornos psiquiátricos.
La otra mirada, son los riesgos de muerte por accidentes, violencia sociales y agresiones, conductas de alto riesgo, abandono escolar, desvinculación de la familia, ruptura de vínculos, apegos y sentido de pertenencia de cientos de hombres dominicanos en la afectividad.
Literalmente, la salud mental masculina hay que sensibilizarla, motivarla, hablar y preocuparnos como tema de salud mental y social, en la escuela, iglesia y sociedad civil, deben de abordarse estas problemáticas; pero también, en los psiquiatras y psicólogos para entender el cerebro y la cultura masculina que dificulta la ayuda y tratamiento psicoterapéuticos.
En siglo XXI tenemos grupos de hombres que se niegan acudir a una consulta urológica, oncológica y, ni hablar de ir al “loquero” como muchos suelen decir. Sin embargo, las estadísticas predicen las vulnerabilidades e impacto de riesgo en la salud psicosocial y el deterioro de los hombres, siendo mayor que en las mujeres al igual que las enfermedades crónicas no trasmisible.
Con este artículo al igual que en mi tertulia Cuesta Libro, el programa El Psiquiatra en Línea por CDN todos los lunes, estoy abordando los temas de la Salud Mental Masculina, tratando y motivando a los hombres a romper el silencio, los prejuicios, mitos y tabúes con las enfermedades mentales y los servicios de las profesionales que las ofertan, psiquiatras y psicólogos clínicos.

