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La historia detrás de “Bohemian Rhapsody” y su título original que Freddie Mercury descartó Ensegundos República Dominicana


Un cuaderno guardado durante décadas en la casa londinense de Freddie Mercury dejó al descubierto que la canción más famosa de Queen estuvo a punto de contar una historia completamente distinta. Antes de que el narrador confesara a su madre que había matado a un hombre, el borrador planteaba un escenario de guerra y una despedida forzada esa misma noche.

El hallazgo aparece en A Life in Lyrics: The Official Creative Legacy of Freddie Mercury, un libro armado con bocetos y libretas personales del cantante, con aportes de Mary Austin, su expareja y confidente. La publicación coincidió con la fecha en que Mercury habría cumplido 80 años, el pasado 5 de septiembre, y recoge material encontrado tras su muerte en 1991.

Todo empezó con una canción de vaqueros

La semilla del tema es más vieja de lo que muchos imaginan: data de 1968, cuando Mercury todavía estudiaba diseño gráfico en el Ealing Art College y anotó por primera vez esa frase sobre un hombre asesinado.

Aquella imagen lo llevó a pensar en un relato del Viejo Oeste, y durante un tiempo se refirió al proyecto de manera informal como «The Cowboy Song». La idea cambió por completo cuando el músico compró un piano de cola Yamaha, instrumento en el que terminó de darle forma a la pieza.

Austin sostiene que ese piano pudo empujar la canción hacia su costado operístico. En esos meses, Mercury también escuchaba a Chopin, Mozart y Joni Mitchell mientras componía.

Estuvo cerca de llamarse de otra manera

Los manuscritos revelan otro detalle curioso: el título «Mongolian Rhapsody» aparece escrito y luego tachado en una de las páginas, antes de que Mercury se decidiera por el nombre que hoy todo el mundo conoce.

Hubo además versos que quedaron en el camino, como uno que hablaba del momento de las despedidas y ponía en duda si aquello era real. En contraste, la idea de que nada le importaba realmente ya estaba presente desde los primeros apuntes.

La parte operística fue la que más trabajo le costó. Hay páginas completas dedicadas a armonías vocales y a palabras sueltas como «Galileo», «Bismillah» o «Fandango». Austin recuerda que el cantante llegó a despertarse de madrugada para anotar fragmentos que había soñado.

Tres semanas de estudio y 200 tomas vocales

Esa obsesión se trasladó a la grabación. Queen invirtió cerca de tres semanas en el tema, una de las producciones más ambiciosas de su tiempo.

Solo el pasaje operístico exigió alrededor de 200 sobregrabaciones vocales entre Mercury, Brian May y Roger Taylor, al punto de llevar las cintas al límite técnico de la época.

El corte final rozaba los seis minutos, algo que no cayó bien entre los ejecutivos de EMI, convencidos de que había que recortarlo para que funcionara como sencillo. Mercury se plantó y no cedió, aunque más adelante llegó a temer que esa decisión terminara costándole caro a la banda.

La radio lo convirtió en éxito antes de salir a la venta

El disc jockey Kenny Everett, de Capital Radio, consiguió una copia adelantada y la puso una y otra vez durante un fin de semana. La reacción fue inmediata: la emisora se llenó de llamadas de oyentes que querían saber dónde comprar el disco, cuando el sencillo ni siquiera había sido lanzado.

Salió finalmente en 1975, sin un solo corte, y se mantuvo nueve semanas en el número uno británico, además de darle a Queen su primera entrada grande en el top 10 estadounidense.

La canción tuvo dos revivals notables: en 1992, gracias a Wayne’s World, y en 2018, con el estreno de la película biográfica que llevó su mismo nombre.



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