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    La complejidad de la democracia


    Por mucho tiempo hemos escuchado que gobernar es el arte de organizar, administrar y dirigir un país, una institución o un grupo de personas, buscando el orden, la paz y el bien común. Y dentro del período de gobierno que les corresponde a los mandatarios, según el país, hay momentos especiales que hay que tomar en cuenta para comprender determinadas acciones. Me refiero particularmente al que le ha tocado al presidente Luis Abinader y, sobre todo, los dos años que le quedan de su segundo período constitucional.

    La democracia es el sistema ideal para una parte importante de nuestra sociedad y del mundo, pero por la naturaleza propia de cada país, la convierten en más o menos compleja. Porque es un sistema en el que por vía de partidos, debidamente regulados, los presidentes adquieren esa categoría. Comprometiéndose a cumplir con las leyes y gobernar para todos los habitantes de cada nación. Para los de sus partidos, aliados, los que no participan en esos procesos electorales e incluso para los que les son adversos.

    Pero las democracias tienen las particularidades propias del ADN de cada nación y de los partidos que participan en dichos procesos. En el caso dominicano, independientemente de que llevamos décadas de sistemas democráticos sin interrupciones, nadie puede desconocer que los partidos no han podido superar ciertas debilidades que, en ocasiones, les señalamos y que ellos mismos reconocen, lo cual ha provocado o ha convertido, en muchos casos, en complejos procesos los finales presidenciales. En virtud de que, por un lado, los mandatarios tienen que gobernar para toda la nación, mientras que, por el otro, muchos dirigentes y militantes de las organizaciones a las que pertenecen, les exigen acciones que pueden romper el equilibrio y la equidad frente a los demás.

    Por eso entiendo que estos dos años, que de hecho se reducen a alrededor de 17 meses, cuando se iniciarán los torneos electorales en febrero del 28, son definitivamente los más complejos para Luis Abinader. En los cuales debe aplicar todas las experiencias acumuladas en el ejercicio del poder.

    Lo digo porque nadie puede pedirle al ser humano, por más benévolo que sea y por más practicante que sea del amor al prójimo, que deje de pensar en sí mismo y en su deber, mucho más en esa posición. Porque si bien el presidente tiene una responsabilidad con su partido y aliados, por igual tiene una responsabilidad mayor frente a la nación. Por lo tanto, reitero, que estos casi dos años que le quedan como mandatario, requieren de la mayor atención y prudencia. Y si tiene que romper determinados esquemas que las prácticas partidarias -buenas o malas- han impuesto, que lo haga.

    Nunca debemos olvidar que el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná fue para enseñar a la posteridad la importancia de un final feliz. Por tanto, la decisión que tomó Abinader de ponerle candado a la Constitución para evitar que alguien pretenda extender los períodos permitidos más allá de lo que establece, lo engrandecieron frente a una parte importante del país. Y siguiendo la enseñanza del Maestro, debe y tiene que hacer lo que sea necesario para fortalecer la institucionalidad democrática en beneficio de todos los dominicanos. Que al finalizar se lo agradecerá la nación entera.

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