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    De médicos y “médicos”


    Desde los no tan lejanos días de las curaciones con humo, con el olor del tabaco, con lectura de las vísceras de los animales recién matados, el vuelo de los pájaros y el graznido de algunas aves, hasta los sofisticados equipos electrónicos actuales, desde siempre hubo superchería y engaño en la prestación de supuestos procedimientos para sanar, para curar enfermedades físicas y mentales.

    Casos hay y experiencias nacionales tenemos de sobra, en los que una persona, que dice estar poseída por una divinidad, concita la atención de una, otra persona y hemos visto filas de gente que acude a “consulta” con esos santones.

    Desconozco las reglas de juego, las leyes, las resoluciones, los mecanismos que existen, si los hay, para que una persona enganche un letrero anunciando la instalación de un” consultorio” para la prestación de servicios relacionados con tal o cual especialidad médica.

    Dado que la imaginación es libre, me permito adivinar que existen tales o cuales regulaciones previas a la instalación de un consultorio médico público.

    Me refiero a la instalación de una clínica, por pequeña que sea, a la apertura de un consultorio personal de un médico de cualquier especialidad.

    El primer primero, como decía El Men, es la posesión de un título universitario que atestigüe que el titular cursó los estudios correspondientes, segundo que el documento esté homologado por el Ministerio de Educación Superior, que el profesional recibió y posee exequátur emitido por el Poder Ejecutivo, que el titular está inscrito y es miembro del Colegio Médico correspondiente y que además está registrado como contribuyente en la Dirección General de Impuestos Internos.

    Tanto el Poder Ejecutivo como el Colegio Médico e Impuestos Internos emitirán certificaciones que deben estar visibles en la entrada principal del establecimiento para que puedan ser vistos y consultados por los pacientes, como un modo de dar seguridad de que se trata de un establecimiento debidamente regulado, atendido por personal calificado cuyas calidades son inobjetables.

    Además, en la entrada principal debe haber fotografías de los médicos que actúan, en la clínica u hospital, acompañadas de un letrero donde se lea claramente cuál es la especialidad de cada uno de los galenos que ejercen en el establecimiento.

    Cuando se trate de un consultorio donde solo ejerce una persona, también debe poseer los documentos exigidos para la prestación del servicio médico y las demás certificaciones.

    Desconozco si hay registro de todos los consultorios, pequeñas clínicas y profesionales que ejercen en uno u otro lugar sin acreditación.

    Algo deben hacer las autoridades desde la Asociación o Colegio Médico hasta Impuestos Internos y la Fiscalía de cada jurisdicción.

    Hay que poner un alto al ejercicio del matasanos irresponsable y castigarlo con toda severidad.

    Mercado en Haití.  Archivo

    Bonaparte Gautreaux Piñeyro



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