En los primeros días de agosto de 1980, el Caribe presenció el paso de uno de los ciclones tropicales más devastadores e intensos jamás registrados en la cuenca del Atlántico: el huracán Allen.
Con vientos sostenidos que rozaron los 305 km/h y una presión atmosférica extremadamente baja, este monstruo meteorológico alcanzó la categoría 5 y rozó el suroeste de la República Dominicana, concentrando la furia de sus mares y vientos en la provincia de Barahona y la región de Enriquillo.
A 46 años de aquella gesta de la naturaleza, el recuerdo de Allen sigue vivo en la memoria colectiva del sur dominicano como un símbolo de la fragilidad costera y la ferocidad del mar Caribe.
El monstruo del Atlántico: La trayectoria de Allen
Allen no fue un ciclón común. Se caracterizó por una rápida intensificación al entrar a las cálidas aguas del mar Caribe, alcanzando en tres ocasiones distintas la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson mientras avanzaba hacia el oeste.
• Vientos sostenidos: ~300 km/h
• Mar de leva con olas gigantescas
• Destrucción de la infraestructura costera
Aunque el ojo del huracán no tocó tierra de forma directa en el territorio nacional —desplazándose por las aguas del canal de La Mona y bordeando la península del suroeste hacia Haití—, el campo de vientos y la gigantesca marejada de tempestad azotaron de lleno la costa de la Perla del Sur.
El impacto en Barahona: Mar de leva y destrucción costera
La geografía del litoral barahonero se convirtió en el escenario principal del desastre. El fenómeno más destructivo en Barahona no fue solo el viento, sino la marejada ciclónica (mar de leva), con olas de una altura descomunal que penetraron con fuerza hacia las comunidades costeras.
Zonas y sectores más afectados:
El Malecón de Barahona: Destruido en gran parte por el embate directo de las olas.
Comunidades costeras (Paraíso, Los Patos, Enriquillo): Quedaron incomunicadas por el colapso de vías, deslizamientos de tierra y el desbordamiento de ríos.
Sector agrícola y pesquero: Pérdida total de embarcaciones artesanales y devastación en las plantaciones de plátano, café y frutos menores de la Sierra de Bahoruco.
Infraestructura eléctrica y de agua: El suroeste quedó a oscuras y sin agua potable durante semanas.
Testimonio de la época: Los pobladores de la época recuerdan que el rugido del mar se escuchaba a kilómetros de distancia y que el agua salada arropó las primeras líneas de viviendas, obligando a evacuaciones de emergencia a pie y en medio de la penumbra.
Allen frente a David: Dos golpes consecutivos al Sur
El impacto psicológico de Allen en Barahona y el país fue aún mayor debido al contexto histórico: solo un año antes, en agosto de 1979, el devastador huracán David (categoría 5) y la tormenta Federico habían arrasado la República Dominicana.
La región sur apenas comenzaba a levantarse de los escombros dejados por David cuando Allen volvió a sembrar la zozobra en 1980, obligando a reescribir los planes de reconstrucción de carreteras, viviendas y defensas fluviales.

