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Aulas en la encrucijada


El debate sobre incorporar el kreyòl al sistema educativo dominicano no es solo un asunto de idiomas. Toca el nervio de la soberanía cultural y expone, otra vez, las deudas estructurales de un modelo de enseñanza que arrastra tareas pendientes desde hace décadas.

Una propuesta con argumentos que no se pueden ignorar

Quienes defienden la mediación lingüística en zonas de frontera tienen razones de peso. Comprender el idioma del vecino facilita la diplomacia, fortalece la gestión en salud pública y dinamiza el comercio bilateral. Sostienen, además, que reducir la barrera idiomática mejora la convivencia en aulas con mayor diversidad y puede bajar la deserción escolar en esas comunidades.

Son argumentos legítimos. El verdadero problema no es la intención detrás de la propuesta: es el momento en que llega.

Identidad y prioridades

Educadores, sociólogos y legisladores coinciden en algo que debería ser innegociable: la prioridad absoluta de la escuela pública dominicana es blindar la identidad nacional y resolver deficiencias que arrastramos desde hace años. Antes de abrir la puerta a un nuevo idioma en las aulas, el sistema tiene una cita pendiente con el propio: garantizar que cada estudiante domine lectura, matemáticas y ciencias en español.

Supervisión pendiente: lo que dicen los números

Apenas el pasado 8 de septiembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) divulgó los resultados del programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2025, y confirman que la tarea sigue inconclusa. República Dominicana obtuvo 361 puntos en Ciencias, 346 en Lectura y 339 en Matemáticas, muy por debajo de los promedios de la OCDE: 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. Casi ningún estudiante dominicano alcanzó los niveles más altos de desempeño en Matemáticas o Ciencias, cuando el promedio OCDE en esos niveles ronda el 7-8%.

Esa es la fotografía real de nuestras aulas hoy. Y es la que debería marcar la agenda.

Si el Ministerio de Educación todavía trabaja para consolidar la calidad docente y la formación continua de los maestros, abrir un frente curricular adicional, por válido que parezca en el papel, distrae recursos que hoy son vitales en otras prioridades.

Agendas externas

Vale también preguntarse, sin miedo, si esta propuesta nace de una necesidad sentida por las comunidades fronterizas o si responde a agendas y líneas de financiamiento de organismos internacionales. Ante cualquier presión externa, la pregunta correcta es una sola: ¿la iniciativa respeta el mandato de la Ley General de Educación y fortalece la soberanía de nuestro sistema, o la compromete?

Primero los pilares, después el techo

La integración genuina empieza por casa: que cada estudiante dominicano comprenda y valore su historia, sus símbolos y su cultura, a través de un dominio sólido del español. Abrir el debate sobre otros idiomas antes de sanar el aula propia es construir el techo sin haber levantado los pilares de la casa.

¿Responde este debate a una urgencia pedagógica real, o a la presión de agendas internacionales?

¿Podemos permitirnos abrir nuevos frentes en la enseñanza, sin antes cerrar las brechas históricas de nuestro propio sistema?

En el centro Paola Dirocie, viceministra Técnica y de Planificación, y Fernando Lagares, viceministro de Emprendimiento del Ministerio de la Juventud.  Alexis Monegro



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