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    Alianza por la Vida


    José Martí es un inmortal antillano, gigante del pensamiento filosófico, provisto de un alma noble e inconmensurable. Nació en la Cuba a principios de la segunda mitad del siglo XIX, falleciendo cinco años antes de que cayera la centuria. De su intelecto surgió la célebre frase: “Patria es humanidad”. Hoy, cuando los avances tecnológicos llegan casi al infinito en su potencia, con un algoritmo que guía drones y misiles cargados de explosivos con una inmensa capacidad letal, podemos reorientar su diana para privilegiar la vida en el planeta. El siglo XXI le ofrece al mundo la posibilidad de extender la cantidad y la calidad de vida en todo el globo. Nunca fuimos tan ricos en información, ni tuvimos la interconexión con la que hoy contamos. Podemos predecir con bastante exactitud las condiciones meteorológicas por días, semanas y hasta meses. Compartimos indicadores estadísticos sanitarios globales, lo que nos permite diseñar políticas universales de salud ajustadas a las realidades locales.

    La humanidad demanda el surgimiento de un liderazgo pacifista capaz de resistir la oleada de violencia que sufre el planeta. Ha llegado el momento de desempolvar y de revivir el pensamiento cristiano, enterrando la vieja ley del Talión, que pregonaba “Ojo por ojo y diente por diente”. Recordemos la máxima de Gandhi: “Ojo por ojo y el mundo terminará ciego”.

    La medicina viene desarrollando medicamentos y vacunas con una selectividad y efectividad impensables diez años atrás. La obsolescencia diagnóstica y quimioterapéutica se sucede a una velocidad asombrosa. La detección temprana de alteraciones orgánicas permite identificar muchos males en sus orígenes, antes de que puedan manifestar síntomas y, por ende, ser erradicados completamente. La vacuna contra el virus del papiloma humano dice adiós al carcinoma cervicouterino y, pronto, al de otras zonas anatómicas. El manejo efectivo de la gastritis por Helicobacter pylori reduce la incidencia de cáncer gástrico. La detección del estado prediabético reduce las secuelas de un mal intercontinental muy común. La inadecuada alimentación, tanto en cantidad como en calidad, es culpable de millones de defunciones en niños y adultos. La hipertensión arterial esencial, hija del estrés, el sedentarismo y los desequilibrios metabólicos, puede combatirse mediante los programas de la Atención Primaria. El liderazgo pacifista abogaría porque se designen los recursos estatales para promover la convivencia universal entre todas las etnias, credos, regiones, países, comunidades, familias e individuos. Los recursos invertidos en misiles, bombas, aviones y barcos de guerra, así como en el mantenimiento de ejércitos armados hasta los dientes, podrían ser usados para socorrer damnificados, combatir endemias y epidemias, tratar a los enfermos, vacunar a los sanos y educar a toda la población.

    Cerremos fila luchando por la vida de niños, niñas, jóvenes, adultos y envejecientes de todas las latitudes del planeta. Hagamos coro diciendo no a la violencia homicida, no a la injusticia, no al odio, no a la supremacía, no al abuso de poder, no a la traición, no a la avaricia, no a la glotonería, no a la ludopatía y no a la drogadicción.

    ¡Unamos nuestras manos en pro de la paz y en contra de la guerra, ahora más que nunca!

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