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    Ejemplo de un rector que no abandona las aulas


    Los cargos se ejercen por un período, pero la vocación no tiene plazos. Esa diferencia explica por qué el Dr. Jorge Asjana David, rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), continúa asistiendo a las aulas para impartir Semiología Quirúrgica y Anatomía de Cabeza y Cuello, pese a las responsabilidades que implica dirigir la Primada de América.

    No es un gesto simbólico ni una fotografía de ocasión. Es algo que no se debe pasar por alto: dirigir una institución académica y enseñar no son excluyentes, sino expresiones fehacientes de un compromiso.

    El itinerario del Dr. Asjana David como docente no comenzó con su elección como rector, ni terminará cuando concluya su gestión. Se remonta a finales de 1979, cuando ingresó como monitor, en una carrera que hoy suma décadas de aula, bisturí y pizarra.

    Esa continuidad importa porque cuestiona una idea que gravita en el imaginario social: que los cargos directivos son incompatibles con la práctica docente. Sin embargo, el rector de la UASD demuestra, con su ejemplo, la invalidez de ese argumento.

    En un país donde la educación superior enfrenta desafíos estructurales desde la calidad de la formación docente hasta la brecha entre la universidad y las demandas del mercado laboral, que la máxima autoridad de la UASD elija mantenerse en el aula envía una señal que trasciende lo anecdótico.

    Es el tipo de liderazgo académico que se necesita: uno que no se limite a administrar presupuestos, firmar resoluciones o representar a la institución en actos protocolares, sino que siga midiendo el pulso de la formación universitaria desde el lugar donde realmente ocurre: el salón de clases.

    Los estudiantes de Medicina que hoy reciben cátedra del Dr. Asjana David no están aprendiendo semiología o anatomía solamente. Son testigos de que la autoridad académica más alta de su universidad considera que enseñar sigue siendo una tarea esencial. Ese mensaje formativo y trascendente no se enseña en ningún programa de estudios.

    Ahora bien, ese gesto no debería leerse únicamente en clave de reconocimiento individual. Invita a una pregunta más amplia: ¿Cuántos de quienes ocupan posiciones de dirección en nuestras universidades públicas y privadas mantienen viva su práctica docente o se han distanciado por completo del aula una vez asumen funciones administrativas? La respuesta, sospecho, no es alentadora.

    La gestión universitaria dominicana tiende a premiar la desconexión progresiva del ejercicio docente conforme se asciende en la jerarquía institucional, cuando debería ser exactamente lo contrario: quienes deciden el rumbo de una universidad deberían conocer de primera mano las realidades del proceso de enseñanza-aprendizaje que dicen liderar.

    Se ha dicho con razón que la vocación de ser profesor no tiene fecha de vencimiento, pues es una labor para toda la vida. El caso del Dr. Asjana David ilustra esa afirmación con hechos, no con retórica. En tiempos donde buena parte del discurso sobre educación superior se agota en cifras, matrícula, rankings o anuncios de infraestructura, vale la pena detenerse en gestos que hablan de lo que significa una universidad: la construcción del conocimiento sostenida por quienes, incluso desde la cima de la jerarquía institucional, no han olvidado sus orígenes.

    La Primada de América tiene un rector que no ha abandonado su razón de ser: maestro de generaciones de la Medicina y cirujano reconocido.

    Una combinación poco común que merece ser resaltada no solo en notas de prensa, sino en testimonios que inspiren a reflexionar sobre lo que representa el liderazgo académico, uno de los factores clave del éxito que la educación superior debe sembrar y cosechar para beneficio de la sociedad dominicana.

    (El autor es profesor y director de Relaciones Públicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo).

    Leonel Fernández.



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