Ana María Silva, creadora digital en salud y pediatra colombiana, descubrió que muchas de las preguntas que recibe en consulta son las mismas que ella misma buscó cuando se convirtió en madre. La experiencia de estar también del lado de quien busca respuestas transformó la forma en que comunica información médica a las familias.
Sabe exactamente qué aparece cuando alguien escribe “mi bebé llora sin parar” a las tres de la mañana.
Lo sabe porque lo buscó. No como ejercicio académico ni como investigación de contenido. Lo buscó porque tenía un recién nacido en brazos, llevaba varios días sin dormir bien y la incertidumbre llegó antes que cualquier razonamiento clínico. En ese momento no era una pediatra con especialización en Buenos Aires buscando datos para una presentación. Era una madre que necesitaba entender si lo que estaba pasando era normal.
Ana María Silva no lo cuenta como anécdota para conectar con su audiencia. Lo cuenta porque esa experiencia cambió algo concreto en cómo ejerce la medicina y en qué decide comunicar. Ser madre de cuatro hijos, dice, no fue un dato biográfico paralelo a su carrera. Fue una clase que ningún programa de especialización ofrece.
La pediatría tiene protocolos para casi todo. Lo que no tiene es una guía para hablarle a una madre que lleva cuatro noches sin dormir, que leyó tres artículos contradictorios en el teléfono, que llegó a la consulta convencida de algo que no tiene respaldo clínico pero que en ese estado de agotamiento le pareció perfectamente razonable. Entender eso desde adentro cambió cómo Ana María Silva escucha. Cambió qué dice primero. Cambió cómo arma una explicación cuando sabe que del otro lado hay alguien que no necesita más información sino información que pueda procesar en ese momento.
Un informe de UNICEF Colombia publicado en diciembre de 2025 documentó avances importantes en salud materna y neonatal en el país, con una mortalidad materna que llegó a su mínimo desde 2008. Los indicadores mejoran. Lo que los indicadores no miden es lo que ocurre entre las familias y el sistema de salud en los espacios informales, en las búsquedas nocturnas, en las decisiones que se toman basadas en lo que alguien encontró en internet antes de poder hablar con un médico.
Ese espacio es el que Ana María Silva conoce desde los dos lados.
Como creadora digital en salud con presencia en más de veinte países, decidió que ese conocimiento doble era exactamente lo que hacía falta comunicar. No solo el dato clínico correcto. La forma en que ese dato llega a una familia que está en el momento más difícil de su noche y que no tiene tiempo ni energía para descifrar lenguaje técnico.
“Cuando educamos a una familia, no solo ayudamos a un niño. Impactamos generaciones completas”, dice Ana María Silva.
Lo que esa frase tiene detrás no es retórica. Es la observación de una pediatra que vio, primero en sus pacientes y después en sí misma, que el conocimiento médico cambia comportamientos que duran años. Un padre que entiende cómo funciona el sueño en los primeros meses de vida no entra en pánico en la próxima crisis nocturna. Eso no ocurre porque leyó un paper científico. Ocurre porque alguien se lo explicó en el momento correcto, en el formato correcto, desde un lugar que le resultó creíble.
Construir ese lugar le tomó tiempo. Y la experiencia de haber sido paciente del mismo sistema que ahora habita como comunicadora fue parte del proceso.
No todo lo que encontró a las tres de la mañana era malo. Algunos de los recursos más útiles que recuerda de esa etapa eran contenido producido por profesionales de la salud que habían decidido estar presentes en los espacios donde las familias buscaban. Eso también le enseñó algo.
La ausencia de los médicos formados no es neutral.
Es un vacío que alguien más llena.
