Hace unos días recibí una reflexión sobre la riqueza y la miseria de parte del destacado profesional y amigo Edgar Barnichta, a quien le expresé que hace mucho tiempo, durante las conferencias y seminarios que se realizaban en el Instituto de Formación Política Jaques Maritain, bajo la inspiración del pensamiento socialcristiano o de la Iglesia, se discutían y exponían conceptos en ese mismo sentido.
La reflexión de Edgar expresa: “En los últimos 150 años el mundo ha experimentado grandes avances en la producción de alimentos, medicinas, atención en salud, tecnologías, comunicaciones, educación y otras áreas que han generado riquezas. Sin embargo, también ha crecido la miseria humana. Millones que sufren y mueren por la falta de alimentos, medicinas y agua potable. Sin casas ni educación básica.”
Los argumentos de tal expresión se fundamentan, según el analista, en que “actualmente, alrededor de 826 millones de personas viven en la pobreza extrema, es decir 1 de cada 10 personas. Casi 1,500 millones de personas viven con menos de 4,20 dólares al día. Cerca de 4,000 millones de la población mundial viven con menos de 8,30 dólares diarios. Pero, al mismo, tiempo recuerda, que en el año 1960 la población mundial era de aproximadamente 3,000 millones de personas, pero hoy es cercana a los 9,000 millones de habitantes”
“Que mientras se ha logrado explorar el espacio, realizar operaciones médicas que hace unas décadas parecían imposibles, producir alimentos a una escala gigantesca y construir fortunas que superan los presupuestos de numerosos países; sin embargo, millones de seres humanos carecen de alimentos suficientes, agua potable, vivienda digna y acceso a servicios básicos de salud. Creando la paradoja de un mundo cada vez más rico, pero incapaz de erradicar la miseria”
“Mala distribución de las riqueza”. Pues según sus planteamientos “…. el crecimiento económico no ha significado bienestar para todos. El crecimiento económico crea oportunidades, pero no cómo se reparten sus beneficios. Un país puede hacerse más rico sin que sus ciudadanos sean menos pobres”
“Política Tributaria. Ya que existen países donde las políticas tributarias distribuyen las peores cargas impositivas a los más pobres, mientras que los ricos disfrutan de exenciones y cuentan con medios de evasión, evitando que paguen más quienes tienen mayor capacidad económica. Así, los impuestos no cumplen con su rol de redistribución de los ingresos”.
“Sistemas de Protección Social. Entendiendo que los países pobres carecen de buenas y eficientes instituciones públicas, protección social y de impuestos bien diseñados que no castiguen a los más pobres, eliminando incentivos y exenciones ineficientes”
La reflexión de Edgar plantea también la necesidad de que “….erradicar la pobreza exige recursos, organización, instituciones competentes y una voluntad sostenida de actuar, entendiendo que el dinero y el bienestar social deben llegar también a los más pobres y para eso es necesario contar con capacidad para enfrentar a los que se oponen a estas transformaciones”
Finaliza la reflexión añadiendo: “En realidad no debe discutirse sobre si debe o no castigarse el éxito económico o si debe haber brechas entre ricos y pobres porque eso siempre lo habrá. El éxito del trabajo honrado y del talento debe mantenerse. La gran pregunta no es cuánto dinero o riqueza genera el mundo, sino quién se beneficia y qué podemos hacer para cambiar esta situación”.
