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    ¿Qué está sucediendo con el tipo de cambio en la República Dominicana?


    En las últimas semanas, algunos amables lectores me han preguntado: ¿cuál es la razón por la cual el peso dominicano se ha estado apreciando frente al dólar estadounidense? Algunos colegas han apostado a una fuerte depreciación del tipo de cambio debido al entorno internacional, y muchos agentes económicos se han dejado llevar por esa narrativa. Tanto esos economistas como los agentes económicos que siguen sus predicciones parecen no asimilar que, mientras las actuales autoridades del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) permanezcan en funciones, dicha institución jugará un papel estelar desde el punto de vista de la economía política para mantener cierta estabilidad cambiaria, debido a las consecuencias inflacionarias y políticas que acarrearía una fuerte depreciación del peso.

    En circunstancias normales, los países que importan grandes cantidades de petróleo tienden a ver cómo sus monedas se debilitan cuando aumentan los precios del crudo. Un incremento en los precios del petróleo eleva el costo de las importaciones, deteriora la balanza comercial y, generalmente, ejerce presión a la baja sobre la moneda local. Sin embargo, el peso dominicano ha hecho exactamente lo contrario.

    La respuesta radica, en gran medida, en la estrategia implementada por el Banco Central de la República Dominicana. Mientras muchos economistas esperaban una fuerte depreciación del peso debido al entorno internacional, el BCRD ha priorizado la estabilidad cambiaria como parte de una estrategia económica y política más amplia. Las autoridades entienden que una depreciación abrupta del peso se traduciría rápidamente en una mayor inflación, particularmente en un país altamente dependiente de las importaciones de combustibles, alimentos y bienes manufacturados.

    En términos prácticos, un peso más débil elevaría de inmediato los costos del transporte, la electricidad y los precios de los bienes básicos de consumo. Las consecuencias políticas y sociales de ese proceso inflacionario serían significativas.

    Por esa razón, el BCRD parece haber decidido que mantener una relativa estabilidad cambiaria es esencial, incluso en medio de un choque petrolero global. Desde finales de 2025, el peso se ha apreciado considerablemente. El tipo de cambio pasó de casi 65 pesos por dólar en diciembre a menos de 60 pesos por dólar apenas unos meses después. Esta apreciación se aceleró tras la escalada del conflicto en Medio Oriente y el consecuente aumento de los precios del petróleo.

    En esencia, el banco central ha utilizado la apreciación cambiaria como una herramienta para compensar parcialmente la inflación importada.

    Lo que hace esta situación particularmente interesante es que el BCRD ha logrado respaldar al peso sin reducir significativamente sus reservas internacionales. En muchos mercados emergentes, defender una moneda generalmente requiere que el banco central venda grandes cantidades de dólares de sus reservas en el mercado cambiario. Países como Turquía han utilizado esta estrategia extensamente en los últimos años, sacrificando importantes volúmenes de reservas para frenar la depreciación. Egipto, por su parte, terminó permitiendo una fuerte depreciación de su moneda porque defenderla se volvió demasiado costoso.

    La República Dominicana ha seguido un camino diferente. La evidencia sugiere que el BCRD ha dependido menos de la intervención directa en el mercado cambiario y más de herramientas monetarias indirectas. Una de las señales más claras ha sido el aumento de las tasas de interés de corto plazo dentro del sistema financiero doméstico.

    Las tasas pagadas por depósitos han aumentado considerablemente desde el inicio del año, particularmente en los depósitos de corto plazo. Tasas de interés más elevadas hacen que mantener pesos sea más atractivo en comparación con mantener dólares, aumentando la demanda por la moneda local y respaldando así el tipo de cambio.

    Curiosamente, las tasas de interés de los préstamos no han aumentado en la misma proporción. Esto sugiere que los bancos podrían estar absorbiendo parte del incremento en los costos para evitar afectar negativamente la actividad crediticia y el crecimiento económico. También sugiere la existencia de presión informal o “persuasión moral” por parte del banco central o del gobierno para evitar un endurecimiento excesivo de las condiciones financieras.

    En otras palabras, el BCRD parece estar tratando de fortalecer el peso mientras, simultáneamente, evita una desaceleración importante de la economía.

    Otro factor importante es la credibilidad de la política monetaria en la República Dominicana. Durante las últimas dos décadas, muchos países de América Latina, incluida la República Dominicana, han fortalecido sus instituciones monetarias mediante esquemas de metas de inflación, mayor independencia de los bancos centrales y una gestión macroeconómica más disciplinada.

    Investigaciones del Fondo Monetario Internacional muestran que los países con expectativas de inflación bien ancladas pueden absorber mejor los choques externos, como aumentos en los precios del petróleo, sin generar inflación persistente.

    Esto es importante porque la inflación no está determinada únicamente por los precios actuales, sino también por lo que empresas y consumidores esperan que ocurra con los precios en el futuro. Si las personas creen que el banco central mantendrá la estabilidad de precios, los aumentos temporales en los precios del petróleo tienen menos probabilidad de propagarse hacia una inflación generalizada en toda la economía.

    El FMI ha argumentado que la mayor credibilidad institucional de América Latina es una de las razones por las cuales la región ha manejado mejor los recientes choques inflacionarios en comparación con décadas anteriores.

    El BCRD parece estar apoyándose fuertemente en esa credibilidad. Al permitir que las tasas de interés aumenten discretamente y respaldar al peso de manera indirecta, el banco central está enviando la señal de que sigue comprometido con mantener la inflación dentro de su rango meta.

    Al mismo tiempo, ha evitado anuncios agresivos o movimientos drásticos de política monetaria que podrían generar pánico o incertidumbre en los mercados financieros.

    Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos. Mantener un tipo de cambio apreciado durante un choque petrolero externo puede volverse cada vez más costoso con el tiempo. Si los precios del petróleo permanecen elevados durante un período prolongado, la economía dominicana eventualmente enfrentará presiones derivadas del deterioro de la balanza comercial y de un menor crecimiento global.

    En ese punto, el banco central podría verse obligado a escoger entre permitir cierta depreciación del peso o endurecer aún más las condiciones monetarias.

    También existe el tema de la transparencia. El BCRD ha sido criticado durante años por operar con una divulgación pública limitada respecto a sus intervenciones en el mercado y sus operaciones de manejo de liquidez. Debido a que el banco central utiliza frecuentemente mecanismos indirectos —incluyendo requerimientos de encaje legal, operaciones de liquidez interbancaria y coordinación informal con los bancos— resulta difícil para los analistas comprender completamente la verdadera postura de la política monetaria.

    No obstante, el comportamiento de las tasas de interés y del tipo de cambio sugiere claramente una gestión activa detrás de escena.

    En última instancia, la apreciación del peso dominicano no es simplemente el resultado de las fuerzas del mercado. Refleja una decisión deliberada del BCRD de priorizar la estabilidad cambiaria como mecanismo para contener la inflación en un período de incertidumbre global.

    En lugar de gastar agresivamente sus reservas internacionales, el banco central parece estar utilizando tasas de interés de corto plazo más elevadas, manejo de liquidez y credibilidad institucional para respaldar al peso.

    El éxito futuro de esta estrategia dependerá, en gran medida, de la evolución de los precios del petróleo, de las condiciones financieras internacionales y de la capacidad del banco central para preservar la confianza en su marco monetario.

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