Portada » Ocho horas con el pueblo
Publicado en

Ocho horas con el pueblo


El concierto con que el maestro Ramón Orlando celebró sus cincuenta años de carrera, con el apoyo de este diario junto a otras empresas, fue mucho más que un gran espectáculo artístico. Los sentimientos compartidos por quienes estaban en el escenario y en las gradas transformaron un evento musical en un reflejo espontáneo de muchas otras cosas.

La dominicanidad apareció, una y otra vez, en expresiones de los artistas que encontraban complicidad inmediata en el público. Cuando subió al escenario Cuco Valoy, el icónico padre del homenajeado, la multitud entendió el mensaje y lo hizo suyo. Varias generaciones se encontraron alrededor de las mismas canciones, que unos recordaban y otros descubrían. El mensaje predominante no admitió ambigüedades: el dominicano sigue creyendo en su país, en su familia, en su gente.

Salvando todas las distancias, el momento invitaba a recordar los Siete Días con el Pueblo que se celebraron hace más de medio siglo. Eran otros los tiempos y otras las prioridades, pero quien tiene suficiente edad puede descubrir un hilo que une ambos acontecimientos. Aquel festival convirtió la música en un grito colectivo por la libertad en medio de tensiones políticas que nos desgarraban; este terminó ofreciendo un breve respiro frente a hechos de violencia que en los últimos días nos han desconcertado.

En una noche interminable, tuvimos el país que queremos tener y fuimos lo que queremos ser. Pobres y acomodados, jóvenes y viejos, amantes del merengue y de la salsa encontraron un lenguaje común sin necesidad de ponerse de acuerdo. Cada época encuentra su manera de curar las heridas. En 1974 hicieron falta siete días. Esta vez bastaron ocho horas.

Editorial.



Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *