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    ¡No me empujen!



    “Oye Píndaro –comenta Herminio-, cada vez que me encuentro con alguien es sorprendente la actitud a la defensiva que proyecta su forma de expresarse… Es como si el ambiente que le rodea lo llevara pa’lo hondo sin darse cuenta de que ambos podríamos tener orígenes diferentes y, quizás, hasta una formación muy distante… En lo personal, algunas veces me hace sentir que poco a poco se ha ido perdiendo el respeto a la importancia de lo valioso que es sostener una buena comunicación”… Píndaro, que como su alter ego ha estado en observación permanente de estas experiencias de Herminio, piensa para sí: “Da la impresión de que la presión a que algunos se ven sometidos por el mismo ambiente de supervivencia los hace prisioneros de su propio entorno productivo y les lleva a una posición defensiva de verse tentados a contradecir o refutar tan pronto escuchan una idea que pudiera ser contraria a sus propios intereses y a lo que piensa… Es como una desconexión inconsciente de lo que pudiera ser una sencilla conversación, dejándonos llevar hasta un comienzo de argumentos que sólo crean contradicción”… “Así es” –expresa Herminio-, “nos alejamos de una escucha hasta el final de las ideas… Como si no nos interesara cuánto nos enriquece el valor de lo que cada uno piensa”.

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