De seguro, amigo lector, que usted habrá escuchado de personas que sufren este padecimiento expresiones como: “Ni al peor de los enemigos se le puede desear algo así”, “Pienso que me voy a volver loco”, “La cabeza se me va a explotar”, “Me voy a morir ya”.
Quien ha conocido a alguien que sufre migraña, sabe de qué estamos hablando. Es ese un dolor molesto, incómodo, difícil de tolerar, que no se calma, desesperante, que agobia a quien lo padece, que no se puede olvidar, por ello se vive con una sensación angustiante de que pueda volver a ocurrir.
La migraña, es una enfermedad neurológica crónica que afecta a más de mil millones de personas en el mundo, impactando profundamente la salud mental y la calidad de vida de quienes la padecen. Se presenta con más frecuencia entre los 10-45 años, predominando en las mujeres.
Se describen cuatro fases: -Pródromo: con manifestaciones como cansancio, fatiga, bostezos frecuentes, variaciones en el humor, antojos de ciertas comidas, tensión en el cuello. -Aura: no siempre ocurre, pueden aparecer alteraciones visuales como luces parpadeantes, sensación de hormigueo y cambios en el habla. –Ataque (Cefalea) dolor fuerte y punzante, por lo general de un solo lado de la cabeza que empeora con la luz, ruido o el movimiento, pueden aparecer nauseas, dificultad para dormir. –Postdromo o resaca: se acompaña de fatiga extrema, confusión mental, sensación de debilidad que puede durar varias horas, ánimo deprimido o eufórico, dificultad para concentrarse.
Teniendo en cuenta las limitantes que la enfermedad pone al que la sufre, la OMS la cataloga como una de las enfermedades más discapacitantes del mundo. Durante la fase aguda hasta un 90% de los pacientes está completamente incapacitado para realizar sus tareas, el 80% reconoce que su rendimiento se reduce de manera drástica durante un ataque y la efectividad se reduce en más del 50%. Destacar que, en España es la segunda causa de discapacidad en mujeres. Entre el 32-77% de los trabajadores afectados se ausentan de sus puestos de trabajo debido a las crisis.
Dadas las dimensiones que produce el cuadro clínico se llevó a declarar el 12 de septiembre como “Día Internacional de acción contra la migraña”, para crear consciencia sobre su impacto en la calidad vida de millones de personas.
Existe un puente entre la migraña y nuestras emociones. No es coincidencia que las personas que la sufren tengan hasta tres veces más probabilidades de sufrir ansiedad o depresión. Esta relación es bidireccional: el miedo constante de una nueva crisis genera angustia severa y el dolor crónico repetitivo agota neurotransmisores esenciales dando oportunidad a la depresión y la falta de bienestar emocional, reduce el umbral del dolor provocando que las crisis sean más frecuentes.
Sugerencias:
– Las personas que sufren migraña son muy sensibles a los cambios bruscos; en consecuencia, proteja y asegure sus horas de sueño, evite los ayunos prolongados y saltarse las comidas.
– Evite detonantes como: el café (tanto su abstinencia como su suspensión brusca), el alcohol (en particular vino tinto), quesos maduros, olores y perfumes fuertes, fumar o exponerse al humo, ruidos fuertes, factores que provoquen estrés o ansiedad, chocolate o carnes que contengan nitratos (tocino, salchichas, salami, carnes curadas), frutas como el aguacate, banana y frutos cítricos.
– Familiares y amigos, recuerden que este padecimiento modifica los estados de ánimo, de modo que no es que la persona sea blandita o se esté haciendo.
Tratemos de comprenderle y ayudarle, facilite su visita al neurólogo.
