Sin dejar de valorar la línea trazada por el MPD desde Cuba de “Lucha interna o Trujillo siempre”, la verdad histórica es que la resistencia de la juventud dominicana a la dictadura del psicópata sanguinario Rafael Leónidas Trujillo nunca cesó desde que asaltó el poder en el 1930, siendo jefe de la Guardia Nacional creada durante la primera ocupación militar norteamericana (1916-1924).
Siempre hubo resistencia y oposición interna, muy a pesar de la brutal represión del Ejército y los organismos de inteligencia creados por el régimen para reprimir a toda manifestación de crítica y rechazo al gobierno dictatorial, a su política de miedo y terror, de humillación y expropiaciones.
Trujillo eliminó la resistencia armada de Desiderio Arias. El recio Juancito Rodríguez se vio obligado a tomar el camino del exilio, al igual que incontables cantidades de ciudadanos acosados en medio de una atmósfera de apresamientos, desapariciones y asesinatos de todos aquellos desafectos a la tiranía.
La fundación del Partido Socialista Popular, de la Juventud Democrática y el auge del movimiento sindical y universitario, a partir de 1946, bajo la influencia del exilio español antifranquista, crearon una situación de efervescencia democrática y revolucionaria en numerosos núcleos de la población, incluyendo los seminarios de la Iglesia católica y los propios cuerpos armados.
Los que se quedaron en el país nunca se rindieron y continuaron la resistencia, como Cucuyo Mieses y Juan José Cruz Segura. A este último sobreviviente tuve la oportunidad de conocer y presentarle mis respetos y reconocimientos. Él, con el apoyo de Raúl Pérez Peña (Bacho), publicó el libro “Bajo la barbarie: la Juventud Democrática clandestina (1947-1959)”, cuya lectura recomiendo.
Mi madre Aura Altagracia Hernández (Siacia) tenía vínculos con los hermanos Moreno Martínez y uno de ellos, Pilia Moreno, fue escogido como padrino de su boda con mi padre en el 1945. Ella fue la que me comunicó en sollozos que Nono Moreno Martínez había sido asesinado y lanzado a la sabana de San Diego, al campo de aviación de SFM. Nono era de la Juventud Democrática y sus hermanos Alfonso y Pilia, entre otros, se habían exiliado. En ese entonces mi familia residía en la calle Padre Brea del barrio “El Capacito” de San Francisco de Macorís.
Situaciones similares se repetían una y otra vez a todo lo largo y ancho del país. La dictadura era salvajemente opresiva dando lugar al crecimiento del descontento y a una persistente resistencia.
Es cierto que la expedición de junio del 1959 y la llegada del MPD ayudaron al resurgimiento y masificación de la resistencia interna, pero ésta siempre existió, mereciendo un mejor estudio y valoración.
Luis Felipe Rosa Hernández

