La República Dominicana muestra hoy avances económicos y sociales que debemos reconocer. De acuerdo con el Banco Central, nuestra economía acumuló un crecimiento de 4.5 % entre enero y julio de 2026. A ello se suma la reducción de la pobreza monetaria a 13.75 % durante el segundo trimestre del año, 2.9 puntos porcentuales por debajo de igual período de 2025, así como un incremento de 34 % en la inversión pública.
Son cifras importantes porque expresan el resultado de políticas, decisiones e inversiones que han permitido al país continuar avanzando. Pero existe otra manera igualmente valiosa de comprender su alcance: salir al territorio, conversar con nuestra gente y escuchar a quienes diariamente están en contacto con las comunidades.
Durante los encuentros que hemos venido realizando con las bases de nuestro partido en diferentes provincias del país, he tenido la oportunidad de compartir con senadores, diputados, gobernadores, alcaldes, regidores, dirigentes y representantes de nuestras estructuras territoriales. Son espacios de conversación franca que permiten conocer de primera mano cómo evoluciona cada comunidad y cómo las políticas impulsadas desde el Gobierno encuentran expresión concreta en el territorio.
Siempre he sostenido que los ayuntamientos constituyen uno de los sensores más sensibles de la realidad de nuestras comunidades. Particularmente los alcaldes y regidores mantienen un contacto cotidiano con sus munícipes. Conocen sus prioridades, reciben directamente sus inquietudes y pueden apreciar cómo una obra, un programa social, una inversión o una determinada política pública transforma progresivamente la vida de una localidad.
Y lo que estamos encontrando en estos recorridos también nos permite constatar que los avances nacionales tienen expresión en nuestras comunidades. Existe reconocimiento de lo alcanzado y, naturalmente, aparecen nuevas aspiraciones. Porque una sociedad que progresa no deja de tener necesidades; eleva sus expectativas, identifica nuevos desafíos y aspira legítimamente a continuar avanzando.
Ahí radica el verdadero valor de escuchar. Se trata de reconocer lo alcanzado, comprender sus efectos y, a partir de ellos, identificar nuevas oportunidades para seguir profundizando los avances y mantener conectadas las decisiones nacionales con las realidades locales.
El presidente Luis Abinader ha insistido en una forma de gobernar cercana a la gente, sustentada en resultados y en la capacidad permanente de escuchar. Desde el partido debemos acompañar también esa visión, fortaleciendo nuestros vínculos con el territorio y haciendo de nuestras estructuras espacios vivos de comunicación con la sociedad.
Los indicadores nos permiten medir cuánto hemos avanzado. El territorio nos permite comprobar cómo ese progreso va transformando nuestras comunidades. Y escuchar a nuestra gente nos ayuda a entender cuál debe ser el próximo paso.
Porque gobernar bien también significa escuchar para seguir avanzando.
Deligne Ascención Burgos
