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Diplomacia de la fe: gira europea de Abinader


Las visitas de Estado suelen regirse por los manuales de la alta diplomacia internacional. Sin embargo, la reciente gira europea del presidente Luis Abinader dejó una de las postales más inusuales y humanas de su gestión gubernamental en los jardines de la Santa Sede. Lo que inició como una misión de alto perfil institucional en Italia y la República Checa, terminó consolidando un profundo mensaje de identidad religiosa y estrategia política a través de la fe.

Tras la suspensión de la audiencia privada con el papa León XIV, debido a la sorpresiva intervención quirúrgica pulmonar del pontífice, el mandatario vio alterada su agenda oficial en Roma. Lejos de limitar el viaje a los estrictos encuentros bilaterales con el secretario de Estado Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, Abinader y la primera dama Raquel Arbaje trasladaron la jornada hacia el plano de la devoción personal y la conexión con sus raíces católicas.

Frente al cuadro mariano de la Virgen de la Altagracia, entronizada en los Jardines Vaticanos, el mandatario elevó una oración pública, en la cual pidió la pronta recuperación del papa, la paz familiar, la protección de nuestro país y, sobre todo, «sabiduría para gobernar, rectitud en las decisiones y un corazón atento a los más pequeños». Este acto, si bien es recurrente entre líderes de naciones con raíces católicas, adquiere una relevancia multidimensional al analizar el tablero político dominicano.

Para el electorado nacional, de arraigada tradición cristiana, observar que su gobernante encomienda el destino del país en un altar sagrado a los pies de San Pedro, genera un fuerte lazo de empatía y legitimidad. En la comunicación política contemporánea, este gesto funciona como una poderosa herramienta de humanización del poder. En un escenario global marcado por la tecnocracia y la frialdad institucional, el reconocimiento público de la necesidad de guía divina proyecta humildad y sensibilidad social.

Pero el viaje no se limitó al ámbito espiritual. El peso técnico y geopolítico del corto periplo quedó sellado en otros escenarios de gran relevancia. Durante el Foro Mundial de la Alimentación de la FAO, RD recibió un histórico reconocimiento por mantener la prevalencia de la subalimentación por debajo del 2.5%, lo que justificó el anuncio de la entrega de la prestigiosa medalla agrícola al mandatario.

Asimismo, los encuentros bilaterales en Italia con el presidente Sergio Mattarella y la primera ministra Giorgia Meloni fortalecieron la cooperación económica, mientras que su participación en el Foro 2000 en Praga proyectó al país como un referente de estabilidad democrática en la región de Europa Central.

De regreso al plano interno, el ejercicio de la fe católica por parte de la pareja presidencial convive de forma calculada con el diseño de su política nacional. Durante su gestión, el matrimonio Abinader-Arbaje se ha caracterizado por un cuidadoso equilibrio interreligioso. Mientras respeta los lazos históricos y jurídicos con la Iglesia Católica bajo el amparo del Concordato del año 1954, su gobierno ha estrechado vínculos sin precedentes con las iglesias evangélicas y protestantes. Hace poco, el liderazgo de la comunidad cristiana nacional le otorgaba un reconocimiento debido a su respaldo a la institucionalidad de los cultos no católicos en el Día Nacional de la Biblia.

Por ende, el rezo a la virgen no debe interpretarse como una exclusión, sino que constituye la reafirmación de los valores personales de un líder que gobierna para una sociedad religiosamente plural. Al final, la gira europea de Abinader concluyó con importantes éxitos técnicos y diplomáticos, pero en el balance de la opinión pública será su momento de recogimiento en El Vaticano el que quedará registrado como el recordatorio de que, en la política dominicana, la fe y la diplomacia siguen caminando de la mano.

Policía Nacional



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