Aneury Santiago Cabrera Estévez, alias Piraña o Lucifer, iba caminando tranquilo por una calle del ensanche La Paz. Quizás silbaba, cantaba o pensaba en los suyos, a saber, pero su andar se vio interrumpido de pronto: una patrulla de la Policía se detuvo a su lado y, raudamente, un agente se acercó y lo asesinó con un disparo a quemarropa. Luego lo tomaron, cual si fuera un animal, y lo lanzaron con desdén a la cama de la camioneta.
La escena es real y fue presentada ayer por Edith Febles en su programa, donde explicó que era carterista, no estaba buscado por homicidio y lo reportaron en un intercambio de disparos; pero, además, mostró cómo unos policías se llevaron a un joven de Villa Juana, a quien podrían darle un “intercambio” fatal como a Lucifer.
Este y otros tantos casos parecidos hicieron que la diputada Millys Martínez temiera por la vida de un joven que fue agredido por unos agentes que lo interceptaron después de que se marchó de una gasolinera en la que momentos antes oía música alta, algo que le prohibieron.
Intervenir para evitar lo peor significó que Millys terminara agredida y esposada, lo que denunció el martes pasado en el hemiciclo. Sus palabras fueron como dagas: la Policía Nacional, recordó, está llamada a proteger, no a intimidar; a servir, no a maltratar. Tampoco tiene derecho a matar. ¿Hasta cuándo se va a validar?
