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    Blandino, un gran lugar de encuentro


    Siendo todavía muy jóvenes, en San Francisco, nos encantaba asistir a las fiestas del Club Esperanza, y a los pasadías del Country Club al día siguiente.

    En el baile a final de cada mes de julio se coronaba a la reina de las fiestas patronales de Santa Ana, una hermosa joven escogida entre las familias respetables de la ciudad. Los amigos cercanos salíamos a vender votos entre las familias pudientes de Macorís, Tenares, Salcedo y Conuco.

    Eran el Club y el Country de los pocos lugares donde podíamos tener la mayor cercanía con algunas jóvenes cuyos padres, celosos, solamente nos permitían bailar y conversar mientras bailábamos con ellas.

    La Vega siempre fue más culta y civilizada, y las jóvenes se sentaban en la misma mesa que los varones, mientras las mamás conversaban entre ellas en una mesa cercana.

    En las todavía pequeñas ciudades del interior, en las décadas los 50 y 60 los jóvenes de familias acomodadas y pudientes asistíamos a las excelentes escuelas públicas junto con los niños de gente humilde de la ciudad. Y la amistad entre unos y otros la disfrutábamos en el aula, en el patio, el play y en el río. El parque, el club y el Country eran los únicos lugares que hacían diferencias.

    En recientes fiestas en que hemos acudido en el Country de la capital, el bullicio de las orquestas no nos ha dejado conversar entre conocidos y menos aún entre mayores. Y aunque podíamos vernos los rostros tan queridos de amigos de antaño, de abuelos y padres, parientes y vecinos que no nos veíamos durante muchos años, el estruendo de los amplificadores no nos daba oportunidad de escuchar a esos mayores venidos desde pueblos, sobre sus vidas, sus familias, su salud y demás. Todos ellos seres muy amados de tantos años que jamás habíamos vuelto a ver.

    Las últimas veces la frustración fue tan sentida que optamos por disfrutar la deliciosa cena y el exquisito vino y marcharnos temprano a casa.

    Acaso por esa razón le hemos ido tomando mayor aprecio a los encuentros en Blandino. Aunque a menudo cargados de dolor, tenemos la dicha de ver tantos rostros amados, tan llenos de amor y buenos recuerdos; muchos seres queridos de toda edad y condición social. Venidas de provincias, de países extranjeros. Gente que no sale a ningún otro lugar. Mayores traídos a cumplir y apoyar con mucho amor el dolor de parientes y seres queridos de toda una vida.

    También ocurre que, tras las palabras y los abrazos de condolencia, solidaridad, sincero y profundo afecto, vienen esos diálogos de temas y bellos recuerdos que ya casi también parecían muertos.

    Ahora no solo es Blandino, sino también otros hermosos y refrescados lugares, donde acuden sin falta esos rostros amados, y vienen esos temas que solo con esos amigos y familiares perviven.

    Por ello, luego de sentir y compartir pesares, disfruto la hermosa y amada compañía de tantos seres queridos que, en Cristo, viven y vivirán siempre en nuestros corazones.

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