Los resultados de la segunda vuelta electoral del Brasil fueron una agradable y sorprendente hazaña del PT y su liderazgo al frente del pueblo brasileño. Un fenómeno político de alcance internacional. Todo el mundo académico lo ha asumido como objeto de estudio.
Históricamente en el continente, salvo excepciones memorables como la victoria de Leonel Fernández sobre Peña Gómez en 1996 tras su alianza con Balaguer, quienes se imponían en la primera vuelta solían coronarse con la victoria en la segunda vuelta.
Bolsonaro, triunfalista, se durmió en sus laureles, repitiendo la fórmula tradicional de procurar el apoyo de otros participantes conservadores que habían sido descartados. Tampoco introdujo variables a su campaña, sumándole solo sus burlas, a falta de argumentos, contra Lula. Se comportó, lleno de arrogancia como un auténtico hijo de papi y mami.
Luiz Inácio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores son un fenómeno histórico. Él es un referente de las fuerzas progresistas. Por su liderazgo y carisma, es una de las figuras más reconocidas mundialmente y el más destacado dirigente político de América Latina y posiblemente del continente americano.
Lula fue obrero metalúrgico desde la adolescencia y debió trabajar para darles de comer a su familia. Se destacó como dirigente sindical y militante socialista y fue enviado a la cárcel por la dictadura militar, forjándose como el acero, bajo fuego y golpes, aprendiendo paso a paso hasta convertirse en un gran organizador, propagandista, orador y un talentoso teórico de las ciencias políticas y sociales. Su personalidad nos recuerda a Mandela, a Peña Gómez y a Mauricio Báez.
De este memorable proceso histórico se desprenden tres enseñanzas fundamentales, a saber: a) La estructura e identidad: Existencia del PT como un partido nacional con arraigo popular, cohesión ideológica y un legado de transformaciones sociales concretas; b) Conexión y movilización popular: La capacidad del liderazgo del PT de volcar a las calles a miles de activistas con un mensaje de bienestar, identidad y orgullo patrio, conectando genuinamente con trabajadores, mujeres y jóvenes y c) Reinvención estratégica, con la habilidad para reestructurar su comunicación con las masas en la segunda vuelta mediante la creación del «Ejército de Lula», integrado en su mayoría por la juventud y las gentes llanas, así como el despliegue de una estrategia digital creativa, directa y sin filtros, para contrarrestar el bloqueo de las redes sociales de la derecha internacional.
La remontada de Lula prueba que en política nunca es tarde para innovar y de que siempre se puede más. Los políticos progresistas dominicanos, incluyendo los del PRM, debieran aprender de Lula y su PT.
Luis Felipe Rosa Hernández
