La dominancia fiscal es una situación en la que la política fiscal termina condicionando a la política monetaria. En un régimen normal, que se suele llamar dominancia monetaria, el banco central fija las tasas de interés y la oferta monetaria para controlar la inflación, y el gobierno ajusta impuestos, gastos o endeudamiento para mantener la sostenibilidad de la deuda. Bajo dominancia fiscal ocurre lo contrario: las necesidades de financiamiento del gobierno son tan grandes que el banco central se ve obligado a acomodarlas, aun cuando eso pueda perjudicar su objetivo de estabilidad de precios.
Estados Unidos opera con un déficit fiscal superior al 6% del PIB, incluso en un período sin recesión. Es un déficit estructural, no cíclico. La deuda federal supera los US$40 billones y la necesidad de financiamiento obliga al Tesoro a emitir volúmenes crecientes de deuda a largo plazo.
Pero esta vez, la demanda estructural por esos bonos es menor: la Reserva Federal (FED) no está comprando, los bancos están saturados, los inversionistas extranjeros son más cautelosos y los fondos privados exigen una mayor compensación por el riesgo fiscal.
El resultado es mecánico: más oferta de bonos largos, menor demanda y mayor percepción de riesgo. La consecuencia es un aumento en los rendimientos del tramo de 10 a 30 años.
Los Estados Unidos no se encuentra en dominancia fiscal porque el dólar sigue siendo la principal moneda de reserva mundial, el mercado de bonos del Tesoro es el más profundo y líquido del mundo, la FED mantiene una elevada independencia institucional y finalmente el gobierno aún puede financiarse a tasas de mercado sin necesidad de monetización forzada de la deuda.
Sin embargo, destacados economistas como Lawrence Summers, Olivier Blachard y John Cohrane, entre otros, no descartan que los elevados déficits, el aumento de la deuda y el pago de intereses representa un riesgo de que la política fiscal afecte la monetaria.
En República Dominicana el riesgo es una dominancia cuasifiscal.
El déficit cuasifiscal representa las pérdidas operativas del Banco Central que se generan porque carece de los ingresos, independiente de las transferencias gubernamentales, para asumir el pago de los intereses de sus instrumentos financieros que han aumentado de RD$89,413 millones el 16 de agosto de 2004 a RD$884,208 el 21 de octubre de este año.
Las elevadas tasas de interés estadounidenses también condicionan las expectativas de rendimiento de los inversionistas locales. En las subastas de notas del Banco Central del 1, 7 y 14 de octubre de 2026, la institución rechazó, respectivamente, el 89.7%, el 94.2% y el 77.1% de las ofertas, por considerar excesivos los rendimientos exigidos.
El desafío se agrava ante vencimientos por RD$400 mil millones entre noviembre de 2026 y febrero de 2027, equivalentes al 45% del saldo de sus instrumentos financieros. Rechazar ofertas puede generar tensiones de liquidez; aceptar las tasas demandadas elevaría el costo de los intereses y las pérdidas cuasifiscales. Una expansión monetaria, por su parte, podría añadir presiones inflacionarias y cambiarias.
La elevada concentración de vencimientos de deuda del Banco Central entre noviembre de 2026 y febrero de 2027, junto con la resistencia de la institución a convalidar las tasas exigidas por el mercado, plantea la interrogante de si podrían surgir episodios de dominancia cuasifiscal, en los que el costo y refinanciamiento de la deuda del propio Banco Central termine condicionando el margen de maniobra de la política monetaria.
