Se relaciona el cuidado de nuestro cerebro, probablemente, con dormir bien, mantenernos activos, alimentarnos adecuadamente y ejercitar la memoria. Pocas veces pensamos en nuestras encías. Sin embargo, desde hace años la ciencia estudia la posible relación entre la enfermedad periodontal y diferentes alteraciones neurológicas y neurodegenerativas, entre ellas el deterioro cognitivo, las demencias y el Alzheimer.
La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta los tejidos que rodean y sostienen los dientes. Inicia con inflamación y sangrado de las encías y, cuando no es diagnosticada y tratada oportunamente, avanza hasta producir pérdida del hueso que sostiene los dientes e incluso provocar la pérdida dentaria.
Es por esto muy importante tener siempre presente: lo que sucede en nuestra boca no necesariamente permanece allí. Ante el padecimiento de enfermedad periodontal, mantenida durante mucho tiempo, bacterias y otros organismos patógenos producidos por la respuesta inflamatoria alcanzan el torrente sanguíneo. Una de las líneas que actualmente investiga la ciencia es precisamente si esta inflamación crónica contribuye o está relacionada con procesos inflamatorios que ocurren en otras partes del organismo, incluyendo el cerebro.
Diferentes investigaciones han encontrado asociaciones entre la periodontitis y el deterioro de algunas funciones cognitivas, así como con determinadas formas de demencia y el Alzheimer. Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos al interpretar estos hallazgos: asociación no significa necesariamente causa.
Tener periodontitis no es indicativo que una persona desarrollará Alzheimer, demencia u otra enfermedad neurológica. Son enfermedades complejas en las que intervienen múltiples factores, entre ellos la edad, la genética, las condiciones cardiovasculares y metabólicas y los hábitos de vida. La posible participación de la inflamación periodontal continúa siendo objeto de investigación.
Existe, también, una relación en sentido contrario. Una persona que presenta deterioro cognitivo o determinadas enfermedades neurológicas puede experimentar dificultades para mantener una adecuada higiene oral. Recordar el cepillado, realizar correctamente la limpieza entre los dientes, manejar el cepillo o acudir regularmente al odontólogo puede convertirse en un desafío. Esto aumenta el riesgo de que aparezcan o progresen enfermedades de las encías.
Por eso debemos aprender a escuchar las señales de nuestra boca. Una encía sana es de color coral, no sangra al cepillarnos. El sangrado frecuente, la inflamación, el mal aliento persistente, la retracción de las encías, la movilidad o los cambios en la posición de los dientes son motivos para consultar al odontólogo.
Uno de los grandes peligros de la periodontitis es que avanza durante años sin producir dolor. El paciente puede sentirse bien mientras progresivamente pierde los tejidos que sostienen sus dientes. Esperar a que duela puede significar llegar cuando la enfermedad está avanzada.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, recordemos que nuestro organismo no funciona como piezas separadas. Cerebro, corazón, metabolismo y boca forman parte de una misma persona.
Todavía queda mucho por investigar y no podemos afirmar que tratar nuestras encías prevenga una enfermedad neurológica. Pero sí podemos afirmar algo mucho más sencillo: controlar la inflamación periodontal, conservar nuestros dientes y mantener una buena salud oral son parte del cuidado integral de nuestra salud.
Si cuidamos nuestra boca, no estamos cuidando solamente nuestros dientes y encías.
Estamos protegiendo nuestro bienestar, salud mental, oral y general.
