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IA contra la “brutalidad natural” del transito


La inteligencia artificial aplicada al tránsito no es ciencia ficción: es una tecnología madura que ya funciona en decenas de ciudades y que, bien implementada, puede transformar la movilidad urbana. En República Dominicana, el tema quedó marcado por el caso de los semáforos inteligentes y el expediente contra Hugo Beras y Latam SRL (Jochi Gomez), por lo que es natural que exista escepticismo. Pero eso no cambia una realidad: la IA sí puede mejorar el tránsito y es una de las herramientas más poderosas disponibles hoy para reducir tapones, optimizar flujos y disminuir la dependencia de intervenciones manuales.

La aplicación más directa es la gestión inteligente de semáforos. Un sistema basado en IA analiza en tiempo real el volumen de vehículos, la velocidad promedio, los patrones de congestión y eventos inesperados, como accidentes, cierres o condiciones climáticas.

Con esos datos, ajusta automáticamente los tiempos de luz verde y roja. Esto permite crear “olas verdes” que facilitan que los vehículos avancen sin detenerse en cada intersección. En ciudades como Los Ángeles, Londres y Ciudad de México se han utilizado sistemas de control adaptativo para mejorar los tiempos de viaje y reducir la congestión.

Otra ventaja es la predicción. La IA puede anticipar dónde se formará un tapón con minutos u horas de anticipación utilizando el historial de tráfico, patrones de comportamiento, eventos programados y datos de GPS de miles de vehículos.

Con esa predicción, el sistema puede redirigir flujos, ajustar semáforos o incluso enviar alertas a los conductores para evitar determinadas zonas. Esto permite procesar simultáneamente una cantidad de información que sería imposible manejar mediante una intervención humana individual.

La IA también puede mejorar la movilidad colectiva: ajustar rutas de autobuses según la demanda, recomendar frecuencias óptimas para evitar aglomeraciones y sugerir carriles exclusivos.

Un transporte público más eficiente puede reducir la cantidad de vehículos privados en las calles, lo que contribuiría a disminuir los tapones de manera estructural.

Cuando ocurre un accidente, la IA puede detectarlo automáticamente mediante cámaras y sensores, calcular su posible impacto sobre el flujo vehicular, recomendar desvíos y contribuir a coordinar ambulancias y grúas mediante rutas más rápidas.

Hoy, en República Dominicana, un accidente puede paralizar una avenida entera o una autopista durante horas porque la respuesta es manual y lenta. Una gestión automatizada puede reducir significativamente ese tiempo de respuesta.

La tecnología existe, es accesible y ha demostrado su utilidad. Lo que falló aquí no necesariamente fue la idea, sino la gestión del proyecto, la falta de transparencia, las dudas sobre la auditoría técnica y la desconfianza pública generada por el escándalo del INTRANT.

En vez de avanzar hacia una solución moderna del grave problema del tránsito en el Gran Santo Domingo y otras ciudades, como Santiago, adoptando tecnología de IA, hemos recurrido a la BN (brutalidad natural), con agentes de la Digesett sustituyendo a los semáforos en las esquinas: una solución del siglo pasado, costosa, inconsistente, vulnerable a errores humanos y que puede generar mayores tapones.

La experiencia de Ciudad de México, Londres, Los Ángeles y Singapur revela que un sistema moderno de gestión del tránsito, apoyado en IA, permitiría mejorar los tiempos de viaje, crear un centro de control de tráfico en tiempo real, integrar cámaras, sensores, GPS y transporte público, generar datos confiables para políticas públicas de movilidad y reducir el gasto en combustibles y las pérdidas de productividad.

República Dominicana no necesita inventar nada: solo adoptar tecnologías que ya han sido utilizadas en otras ciudades y hacerlo con transparencia, auditoría y supervisión técnica real.

Banco Central



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