Portada » Cambiar de opinión también es coherencia
    Publicado en

    Cambiar de opinión también es coherencia


    Cambiar de opinión tiene mala reputación. Se interpreta como debilidad, incoherencia o falta de carácter. Basta con que una persona revise una postura sostenida durante años para que alguien rescate sus antiguas palabras, las coloque frente a las nuevas y pronuncie la sentencia: se contradijo.

    Nos han enseñado a admirar a quienes se mantienen firmes, incluso cuando permanecen firmes en el error. La terquedad suele recibir nombres más elegantes: convicción, carácter, consistencia. En cambio, pocas veces reconocemos el valor de quien se detiene, examina aquello que creía y admite, a veces con incomodidad, que ya no puede seguir pensando igual.

    Cambiar de opinión no siempre es una virtud. Hay quienes cambian según la conveniencia, el aplauso disponible o la dirección del poder. Hay transformaciones que no nacen de la conciencia. El oportunismo existe y conviene nombrarlo. Sin embargo, no toda modificación de una postura es oportunismo.

    Podemos cambiar porque aparecen nuevas evidencias. Aceptarlas exige reconocer que lo que sabíamos era incompleto, que interpretamos mal una realidad o que confiamos en información equivocada. No significa que antes fuéramos deshonestas. Significa que ahora sabemos algo que antes ignorábamos y tenemos la responsabilidad de permitir que ese conocimiento nos transforme.

    También podemos cambiar cuando la vida nos acerca a una realidad que observábamos desde lejos. Muchos temas conflictivos parecen sencillos mientras permanecen en el terreno de las abstracciones. Es fácil sostener opiniones tajantes sobre la pobreza, la migración, el aborto, la violencia o la discriminación cuando las personas afectadas son apenas categorías dentro de una discusión. Todo cambia cuando la estadística adquiere un nombre y aquello que juzgábamos desde la comodidad comienza a tener rostro, historia y consecuencias.

    La proximidad no siempre nos da la razón, pero puede devolvernos la humanidad que el debate nos había quitado.

    Hay convicciones que sobreviven porque nunca han sido confrontadas por la experiencia. Se heredan de la familia, de la religión, de la clase social o del entorno político. Algunas llegan con la voz de las personas que amamos, y cuestionarlas puede sentirse como una traición. No lo es. Madurar implica revisar también las ideas recibidas con afecto. Honrar nuestras raíces no exige permanecer atadas a todo lo que nació en ellas.

    Cambiar de opinión puede ser, además, una obligación ética cuando comprendemos que nuestras antiguas certezas contribuían a justificar el daño. La costumbre explica muchas cosas, pero no las absuelve. Cuando una idea humilla, excluye o reduce la vida de otras personas, revisarla no es una concesión ideológica. Es un acto elemental de responsabilidad.

    Esto no significa que todas las opiniones tengan el mismo valor. Una afirmación fundada en evidencia no equivale a un prejuicio. La apertura intelectual tampoco exige neutralidad ante la violencia ni debatir eternamente si algunas personas merecen menos derechos que otras. Los derechos humanos no dependen de nuestra simpatía ni de nuestros procesos personales de aprendizaje.

    La coherencia no consiste en repetir durante toda la vida lo mismo. Consiste en mantener fidelidad a nuestros principios, incluso cuando esa fidelidad nos obliga a abandonar una idea que antes defendimos. Si valoramos la verdad, tendremos que modificar nuestra posición cuando los hechos la contradigan. Si creemos en la dignidad humana, tendremos que revisar aquellas convicciones que la niegan.

    No somos una frase pronunciada hace veinte años. Somos la conversación entre lo que fuimos, lo que aprendimos y lo que decidimos hacer con ese aprendizaje. Crecer no significa fingir que nunca estuvimos equivocadas. Significa tener el valor de reconocer que ya no estamos dispuestas a seguir estándolo.

    La memoria de las cosas pequeñas



    Source link

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *