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    PRM: la estrategia para seguir en el poder


    La elección de las nuevas autoridades del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no debe verse simplemente como un proceso rutinario de renovación de una organización política.

    Detrás de esta decisión existe una lectura mucho más profunda: el partido de gobierno comienza a preparar el terreno para la batalla electoral de 2028.

    El PRM sabe que conservar el poder no dependerá únicamente de la valoración de la gestión del presidente Luis Abinader.

    Dependerá también de su capacidad para mantener cohesionada una organización que, después de conquistar el Gobierno, el Congreso y una importante representación municipal, comienza a experimentar el fenómeno natural de todo partido en el poder: la competencia por la sucesión.

    La elección de las nuevas autoridades partidarias, mediante una convención de delegados, constituye por tanto una pieza dentro de un tablero mucho más amplio.

    El objetivo inmediato es renovar la estructura, pero el desafío verdadero es evitar que esa renovación se convierta en una guerra interna por el control del partido y, posteriormente, por la candidatura presidencial.

    Abinader parece haber entendido perfectamente ese riesgo.

    Durante la reunión del Comité Nacional del PRM, el mandatario llamó a sus dirigentes a discutir sus diferencias dentro del partido y advirtió que ningún dirigente está por encima de la organización.

    Su mensaje tiene una lectura política evidente: la prioridad debe ser preservar la unidad antes de que las aspiraciones individuales terminen debilitando el proyecto colectivo.

    El verdadero desafío comienza ahora

    El PRM tiene ante sí una situación inédita. Por primera vez desde su llegada al poder, debe organizar una sucesión presidencial sin que su principal figura pueda aspirar nuevamente a la Presidencia.

    Ahí está la verdadera dificultad. Abinader se convirtió en el elemento aglutinador que permitió al PRM llegar al poder en 2020 y repetir la victoria en 2024. Ahora el partido tiene que demostrar que puede ganar sin tener a Abinader como candidato presidencial.

    Y eso obliga a construir una nueva fórmula. Dentro del PRM ya comienzan a visualizarse distintos liderazgos. David Collado y Carolina Mejía aparecen entre las figuras con mayor proyección, mientras otras corrientes procuran preservar espacios de influencia.

    La propia composición de la Dirección Ejecutiva refleja ese reacomodo de fuerzas internas.

    Por eso, la nueva dirección del PRM tendrá una responsabilidad que va mucho más allá de administrar el partido: deberá administrar las aspiraciones.

    Abinader como árbitro

    El papel de Abinader será determinante.

    Aunque constitucionalmente no pueda buscar un tercer mandato consecutivo, su liderazgo dentro del PRM continuará teniendo un peso extraordinario.

    El presidente puede convertirse en el árbitro capaz de impedir que las diferentes corrientes conviertan la sucesión en una confrontación destructiva.

    La estrategia parece clara: primero preservar la unidad; después garantizar la renovación; y finalmente construir un mecanismo que permita seleccionar al candidato presidencial sin fracturar el partido.

    Porque una cosa es competir internamente y otra muy distinta es destruir al adversario interno.

    El PRM tiene que aprender de la historia política dominicana. Muchos partidos han perdido el poder no necesariamente porque la oposición haya sido superior, sino porque sus propias divisiones terminaron convirtiéndose en su principal enemigo.

    Una nueva generación de liderazgo

    La renovación partidaria también representa una oportunidad.

    El PRM necesita demostrar que no es simplemente una organización electoral construida alrededor de determinadas figuras, sino un partido capaz de generar nuevos liderazgos, incorporar generaciones jóvenes y presentar ante el electorado una propuesta política que vaya más allá de la continuidad administrativa.

    El ciudadano de 2028 no necesariamente votará por el PRM únicamente porque Abinader haya gobernado.

    Evaluará al candidato.

    Evaluará los resultados. Evaluará la economía, la seguridad, el empleo, los servicios públicos, la institucionalidad y, sobre todo, la capacidad del partido para ofrecer una visión de futuro.

    Por eso, mantener el poder requerirá algo más que una buena estructura electoral.

    El poder se gana también desde fuera del partido

    Aquí está uno de los mayores desafíos del PRM.

    Una cosa es controlar la estructura partidaria y otra conservar la simpatía de la sociedad.

    La organización debe evitar encerrarse en sus propias discusiones internas mientras el país reclama respuestas.

    El presidente Abinader ya ha advertido a sus dirigentes que los dominicanos los eligieron para resolver los problemas nacionales y no para escuchar permanentemente sus conflictos internos.

    Ese mensaje debería convertirse en una línea estratégica para todo el partido.

    El PRM debe gobernar y hacer política al mismo tiempo, pero sin confundir ambas responsabilidades.

    Mientras sus dirigentes comiencen a mirar hacia 2028, el Gobierno tendrá que continuar resolviendo los problemas de 2026 y 2027.

    Ese equilibrio será decisivo.

    Una estrategia de tres pasos

    La estrategia para intentar conservar el poder podría resumirse en tres grandes movimientos.

    Primero: unidad.

    Evitar una confrontación prematura entre las diferentes corrientes y garantizar que las aspiraciones presidenciales no dividan al partido antes de tiempo.

    Segundo: renovación.

    Construir una nueva dirección partidaria con capacidad de organizar, movilizar y representar a las distintas fuerzas internas.

    Tercero: sucesión ordenada.

    Llegado el momento, escoger una candidatura presidencial competitiva que pueda reunir al partido alrededor de un solo proyecto y, sobre todo, conectar con el electorado independiente.

    La modificación estatutaria que plantea reducir a dos años el período de las autoridades elegidas en esta renovación también puede interpretarse dentro de esa lógica de flexibilidad y reorganización interna frente al nuevo ciclo electoral.

    El gran riesgo

    Pero existe un peligro.

    Si las aspiraciones presidenciales comienzan demasiado temprano, el PRM podría entrar en una campaña permanente mientras todavía tiene responsabilidades de gobierno.

    Y cuando un partido comienza a discutir quién será el próximo presidente antes de explicar qué hará para resolver los problemas del presente, puede perder contacto con la ciudadanía.

    El poder desgasta.

    La oposición espera.

    Y las elecciones de 2028 no están ganadas por anticipado.

    El PRM tiene ventajas importantes: estructura territorial, experiencia de gobierno, presencia institucional y figuras con reconocimiento nacional. Pero ninguna de esas condiciones garantiza automáticamente una victoria.

    La pregunta que queda

    La verdadera interrogante no es si el PRM quiere mantenerse en el poder.

    Eso está claro.

    La pregunta es si podrá hacerlo sin que la lucha por la sucesión termine convirtiéndose en una lucha por el partido.

    Abinader tiene ahora la responsabilidad histórica de conducir una transición política dentro de su propia organización. No necesariamente para escoger desde ahora quién será el candidato, sino para garantizar que cuando llegue el momento exista un partido unido, competitivo y preparado para defender su obra de gobierno.

    El PRM tiene dos años para demostrar que puede hacer algo que pocas organizaciones políticas consiguen: pasar de un liderazgo presidencial fuerte a una nueva generación de liderazgos sin fracturarse en el camino.

    La renovación de sus autoridades es apenas el primer movimiento.

    El verdadero juego político comienza ahora.

    Y en ese tablero, la unidad del PRM será probablemente su principal estrategia para intentar conservar el poder en 2028.

    Victoria Yeb fue escogido a unianimidad.



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