Por voluntad propia, Bienvenido Álvarez Vega soltó la rienda y se apartó de la dirección de este importante e influyente periódico, coincidiendo con la salida de escena de la publicación impresa del vespertino «El Nacional», que será sólo digital.
Tengo la esperanza, junto a mucha gente, en que Bavegado continuará aportando a la sociedad dominicana sus conocimientos y reflexiones en otros ámbitos del quehacer intelectual, ahora más tranquilo, sin la premura y exigencia que impone la dirección de un diario que debe llegar a los hogares, oficinas y negocios día tras día, llueva o ventee, sin importar la resaca de una Nochebuena o la celebración de un año nuevo, porque los periodistas son como los médicos, los bomberos y los policías de turno, en servicio, más cuando son los primeros al mando.
La primera vez que recuerdo haber tenido conocimiento de su existencia fue al observarlo caminar por la calle Abreu de San Carlos, en los años posteriores a la revolución de 1965, cuando salía o iba a la casa en que pernoctaba en la calle Duvergé, que sobrevivió al desalojo y era, cuando no existía la avenida México, una de las pocas vías que comunicaban a la Villa Blanca de San Carlos con la avenida 30 de Marzo, el viejo camino que conducía al Cibao.
Él era muy joven, alto y delgado, con afro, parecido a un evangélico. No sé si ya se había graduado o si ya laboraba como reportero. Fue mucho después que entablamos una tímida amistad. Su esposa, la médico Belkis Columna y mi hermana Luz María estudiaron y trabajaron juntas.
El esposo de Luz María, Newton Santana Silvestre y él, se hicieron muy amigos. Ambos proceden del este al igual que Juan Bolívar Díaz. Bienvenido nació en La Romana, producto de la unión de un yumero con su madre puertorriqueña. Se crió entre Higüey y Yuma, el pueblo de Denis Mota y Ramón Marrero Aristy.
Fue inevitable que nos cruzáramos en la vida, no sólo porque yo era un militante revolucionario, sino también por mi obligada relación con el mundo de los periodistas. Mi primera esposa,
Juana Rubio laboró como reportera en medios de comunicación en los que él también estuvo, «El Sol», el «Nuevo Diario» y «El Siglo», periódico del cual fue su primer director.
Es un excelente ser humano que disfruta la vida en familia, de la lectura y las conversaciones con amigos y relacionados. Un hombre de profunda fe cristiana.
La rienda de este periódico está ahora en otras manos. Confiamos que junto a sus colaboradores, asuma el desafío, emulando y conservando la exitosa conducción de sus preclaros antecesores.
¡Enhorabuena!
Luis Felipe Rosa Hernández

