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    Dios nos manda a estar tranquilos


    Vivimos tiempos en los que las redes sociales, los medios de comunicación y la opinión pública se convierten, con frecuencia, en escenarios de juicios apresurados. En medio de esa realidad, resulta oportuno recordar una de las promesas más poderosas de la Palabra de Dios: «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» (Éxodo 14:14).

    Este mensaje fue dado al pueblo de Israel cuando parecía estar atrapado entre el mar y el ejército egipcio. Humanamente no había salida. Sin embargo, Dios les pidió algo que parecía imposible: mantenerse tranquilos mientras Él obraba. Esa enseñanza sigue siendo vigente para los creyentes de hoy.

    A propósito de la actualidad y de los ataques que han recibido algunos pastores y líderes cristianos, conviene hacer una reflexión. La Biblia nunca promete que quienes sirven a Dios estarán exentos de pruebas, críticas o persecuciones. Por el contrario, enseña que el Señor puede permitir momentos difíciles con un propósito superior que muchas veces el ser humano no alcanza a comprender de inmediato.

    En Job 33:19, las Escrituras muestran que incluso el sufrimiento puede convertirse en un instrumento mediante el cual Dios llama la atención del ser humano, corrige su camino y fortalece su carácter. No significa que Dios sea autor del mal, sino que, en su soberanía, puede permitir determinadas circunstancias para cumplir un propósito mayor.

    Por eso, cobra también fuerza la declaración de Deuteronomio 32:4: «Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectos. Es un Dios fiel, sin ninguna maldad en él; ¡es justo y recto!»

    Este versículo despeja cualquier duda sobre el carácter de Dios. Él nunca actúa con injusticia. Sus decisiones son perfectas, aunque nuestra comprensión sea limitada. Lo que para el hombre puede parecer una derrota, muchas veces termina siendo una preparación para una victoria mayor.

    En momentos donde abundan las acusaciones, las campañas de descrédito y las críticas contra ministros del Evangelio, la reacción del creyente no debe ser el odio, la desesperación ni el deseo de venganza. La respuesta debe ser la confianza en Dios, la oración y la paciencia. Él es quien conoce los corazones y quien juzga con absoluta justicia.

    Esto tampoco significa cerrar los ojos ante los errores humanos. Todo líder espiritual está llamado a vivir con transparencia, humildad y responsabilidad, pues nadie está por encima de la ley ni de los principios de Dios. Pero también es cierto que no corresponde a la multitud convertirse en juez antes de que los hechos sean esclarecidos.

    La historia bíblica demuestra que muchos hombres y mujeres de Dios fueron incomprendidos, perseguidos e incluso falsamente acusados antes de que el Señor los reivindicara. José fue vendido por sus hermanos, David fue perseguido por Saúl, Daniel fue lanzado al foso de los leones y el apóstol Pablo sufrió cárceles y calumnias. En todos esos casos, Dios tenía el control de la historia.

    Hoy más que nunca, los creyentes necesitan recordar que la batalla espiritual no se gana respondiendo con la misma violencia que ofrece el mundo. Se gana permaneciendo firmes en la fe, confiando en la justicia divina y esperando el tiempo de Dios.

    Éxodo 14:14 no es una invitación a la pasividad, sino a la confianza. Es un llamado a no permitir que el miedo, la desesperación o la presión social nos hagan perder la paz. Cuando Dios pelea por sus hijos, ninguna circunstancia tiene la última palabra.

    La tranquilidad que Dios ordena no nace de ignorar los problemas, sino de la certeza de que Él sigue gobernando sobre todas las cosas. Sus caminos son perfectos, su justicia nunca falla y, aunque las pruebas parezcan largas, siempre obra para cumplir sus propósitos.

    En un mundo lleno de incertidumbre, la fe continúa siendo el refugio del creyente. Mientras las voces humanas cambian y los juicios se multiplican, permanece inalterable la promesa del Señor: «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos».

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