El Juego limpio es una regla de oro del movimiento olímpico para las competencias deportivas nacionales e internacionales.
Esa regla está referida principalmente al rechazo y estricta vigilancia contra el uso de sustancias prohibidas. La lucha permanente contra el dopaje, conocida como política antidopaje, conforma un conjunto normas y medidas destinadas a controlar y erradicar el uso de drogas y las malas prácticas que alteran y contradicen la competencia en igualdad de condiciones, de manera justa y transparente.
En los procesos internos, en las federaciones y en el propio Comité Olímpico, se violentan los principios del “Juego Limpio”, con actitudes y prácticas que son contrarias al ¨Código de Ética¨ del COD en el que se establecen los principios de dignidad e integridad, tales como la protección los valores humanos, la no discriminación, en razón del origen étnico, la religión, la edad, la preferencia política y filosófica.
Es por eso que cuando fui parte de la Comisión de Reforma de los Estatutos del COD, en mi condición de consultor jurídico del mismo, introduje la propuesta de establecer la política del “Juego Limpio” en el desempeño y vida del COD y sus federaciones.
Ese Código de Ética prohíbe la práctica del dopaje en todas sus formas y niveles, y establece el rechazo a toda manifestación de acoso físico o psicológico, profesional o sexual, contra atletas, técnicos y directivos. Como prácticas prohibidas están sujetas a severas sanciones disciplinarias y judiciales.
El “Juego Limpio” debe establecerse como norma y norte en nuestra sociedad y sus instituciones oficiales y civiles, en los partidos políticos, en los institutos armados y la Policía Nacional, en los ministerios, la Cámara de Diputados, el Senado de la República, los Ayuntamientos y en los Tribunales de la República, a los que se les supone ente de equidad, justicia e idoneidad. Igualmente, el Juego Limpio debiera instalarse en los colegios y gremios profesionales, en las escuelas y las universidades, en los sindicatos y confederaciones, en las ADP y otros en los que sus dirigentes se reciclan y permanecen de por vida, manejando recursos millonarios, sin rendir cuentas.
Se requiere de urgencia implementar las reglas del “Juego Limpio” a todos los niveles, desde los hogares, hasta los clubes y juntas de vecinos.
Este país y todas sus instituciones públicas y privadas, deben ser moralmente expiadas, sometiéndose a un proceso de saneamientos, asumiendo sin regateos las reglas del “Juego Limpio”, para restaurar la confianza colectiva y seguir avanzando sin recelos, hacia metas superiores, haciendo de la República Dominicana un referente de ética y orden.
No es una tarea fácil, pero debe ser colectivamente asumida.
Luis Felipe Rosa Hernández

