Así como el gobierno de Donald Trump se ha planteado un corolario a la doctrina Monroe, explícitamente referido en el documentado “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América”, del 5 de diciembre de 2025, reafirmando la influencia estratégica en el hemisferio occidental y limitando la presencia de potencias de otras regiones, especialmente China, los países más poderosos del siglo XIX y principios del XX veían con preocupación la búsqueda estadounidense de cada vez mayores espacios en América Latina, particularmente en Centroamérica y el Caribe.
Las potencias europeas con territorios en el Caribe (Gran Bretaña, España y Francia), estuvieron en contra el proyecto de la anexión de la República Dominicana a los Estados Unidos, en 1868/1871. Este país e Inglaterra fueron los grandes rivales durante el siglo XIX y principios del XX, a pesar de la paz negociada a que equivalía el Tratado Clayton Bulwer del 19 de abril de 1850. España tenía grandes temores por el peligro que se cernía sobre sus colonias de Cuba y Puerto Rico. Francia no veía la anexión con buenos ojos, pero mantuvo una actitud distante frente a los acontecimientos. En esto influían la manera vergonzosa como salieron sus tropas de México, en 1867, y a que en 1870 se produjeron acontecimientos internacionales e internos que conmocionaron al país: su fracaso en la guerra franco-prusiana y la Comuna de París.
En 1855, Inglaterra había afirmado que no le importaba que la República Dominicana fuera haitiana o o turca, pero norteamericana, jamás. A medida que avanzaba la segunda mitad del siglo XIX manejó más diplomáticamente sus conflictos con los Estados Unidos, aunque estos no olvidaban su apoyo a los sudistas durante la guerra de Sucesión. Los despachos de los oficiales de la Marina estadounidense se referían con mucha frecuencia a la actitud Haití contra la anexión, pero no dejaban de tomar en cuenta cómo habrían de accionar las potencias europeas. Hablaban de “proteger a la República Dominicana de interferencia de cualquier potencia extranjera“.
El gobierno norteamericano tenía informes de que el cónsul británico con otros colegas y comerciantes extranjeros en Puerto Plata, había apoyado a Luperón con 8,000 dólares. Con la excepción del cónsul francés, Marión Landáis, los enviados diplomáticos en el país se oponían al proyecto anexionista. Y llegó a decirse que barcos haitianos enarbolaban la bandera inglesa.
A principios de 1870 , un grupo de norteamericanos publicó en Nueva York un trabajo en que afirman que «La Marina de Guerra británica manifestó súbitamente un vivo interés en los asuntos dominicanos. La fragata Royal Alfred echó ancla aquí y luego seguí viajando hacia Puerto Príncipe, sin duda a alentar a Nissage Saget a que llevara a cabo su amenaza de arrasar la frontera dominicano a fuego y sangre si este pueblo persistía en el deseo de la anexión. Eso es lucha pasada contra el momento de ahora; y como toda esa espléndida región cafetera está abierta de par en par a los colonos americanos, ello puede significar una declaración de guerra contra los Estados Unidos».
J. L. Matrciaq, estadunidense oriundo de Francia y residente en Samaná, dijo a los comisionados de 1871 que el expresidente Salvane fue fusilado por intrigas de St. John Spencer, cónsul inglés en Puerto Príncipe. Pero en nota al pie de página, Emilio Rodríguez Demorizi observa que la Comisión quería hacer daño al diplomático.
Durante el período de discusión del Tratado de Anexión, varios barcos de guerra ingleses estuvieron en Puertos dominicanos: el Racon, el Royal Alfred y la cañonera Niboe. Pero la Marina norteamericana se mantenía al corriente de los detalles de sus pasos en las costas dominicanas. El 21 de diciembre de 1870, desde Puerto Plata, el capitán de Corbeta R.S. McCook, comandante del Nantasket, informaba a sus superiores que, «Al otro día de haberle dirigido a usted mi última carta, llegó aquí y echó ancla la corbeta inglesa Racon, que monta veinte cañones y cuyo capitán es Howard. Parte esta tarde para Samaná y Santo Domingo”. (Continuará).
Diómedes Núñez Polanco

