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El equilibrio emocional


Existen personas que desde que usted les trata se da cuenta de que son organizadas, cabeza bien puesta, en control de su humor, emociones y sentimientos; que reaccionan de una forma proporcionada y mantienen un cierto autocontrol de los impulsos y de la vida instintiva. Otros, en cambio, basta con verlos durante cierto tiempo y podemos decir que son personas desequilibradas psicológicamente: es demasiado sensibles a los acontecimientos, reaccionando exageradamente ante los mismos o sin su afectividad; son frágiles, inestables y con cualquier hecho son capaces de derrumbarse, llevándoles a la falta de ánimo, tristeza o pesimismo. O, por el contrario, por un hecho insignificante son capaces de estallar de alegría.

En ocasiones el desequilibrio viene del campo de los impulsos. Afecta a personalidades explosivas, muy irritables por motivos que no tienen mayor trascendencia, reaccionando de manera brusca, desproporcionada, e incluso a veces de forma agresiva.

Otras veces, la falta de equilibrio viene de un exagerado equilibrio que se expresa en una anomalía psíquica: sujetos que poseen una personalidad que al parecer carecen de sentimientos. Individuos sin compasión, conciencia ética, vergüenza. Se comportan como verdaderos desalmados, sin escrúpulos. Un rasgo característico de su conducta es la indiferencia con la que viven todo lo que ocurre a su alrededor, pareciese que no le afecta ni conmueve todo aquello que golpea a los demás. Una frialdad sorprendente con que reaccionan frente a situaciones graves.

Podemos encontrar personas exageradamente influenciables (niñez y adolescencia) durante las cuales actúan imitando a las personas que le rodean y admiran. Sus gustos e intereses son los de sus ídolos, hasta que se unen a otras personas y cambian de manera radical. Encajan con facilidad con aquellos que prefieren conductas cuyos resultados se logran a corto plazo y exigen menos esfuerzo. Muchos jóvenes se adhieren a esta falta de equilibrio, que procede de su misma inestabilidad en lo que se refiere a interés y forma de vida, a una ausencia de criterios propios.

La falta de equilibrio psicológico puede provenir de una personalidad insegura, lo que favorece la inestabilidad emocional. La persona vive en constante duda, llena de ansiedad, lo que produce sentimientos, comportamientos variados, por lo general desajustados.

¿Qué es el equilibrio psicológico o emocional? Es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las emociones de forma adaptativa frente a las situaciones de la vida diaria, sin reprimir lo que se siente, ni permitir que las reacciones desborden la conducta. Debemos precisar que ello no implica estar siempre feliz, esto no es la realidad de la vida. Se debe procurar una estabilidad mental, un punto medio a los conflictos y dificultades.

En la Psicología y Psiquiatría modernas, el equilibrio aristotélico se aplica directamente a través de la autorregulación emocional y el bienestar psicológico, entendiendo que la salud mental no es la ausencia de emociones, sino la gestión de estas en su término justo.

Sugerencias:

Trate de identificar qué siente: tristeza, rabia, ansiedad, alegría, frustración. Todos podemos mejorar nuestra capacidad de respuesta y establecer controles a nuestras reacciones.

Evite vivir en extremos prolongados: exceso de control, autoexigencia, aislamiento, falta de controles adecuados que le pueden llevar de la pasividad a la agresividad.

Viva el presente para reducir el ruido mental del exceso del pasado o del futuro.

Aprenda a decir no, cuando sienta que no puede seguir.

Mantenga contactos con familiares y amigos. No es debilidad pedir ayuda, comprensión o compartir sus preocupaciones.

En caso de que sientas que el estrés o las emociones superan tus capacidades, es momento de acudir a un profesional de la Psicología o Psiquiatría.

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