En varios eventos académicos en los que he participado recientemente, tales como Emprendelab de Promipyme y el Modelo Internacional de las Naciones Unidas del Ministerio de Educación (Minume), una inquietud se repite entre los jóvenes: ¿Qué carrera tecnológica deberían estudiar para conseguir empleo? Otros preguntan qué conocimientos pueden adquirir para mejorar sus oportunidades, aunque hayan elegido otra profesión. Para responderles, conviene combinar sus intereses con las necesidades del mercado y las posibilidades de formación.
Los datos dominicanos muestran una brecha entre lo que necesitan las empresas y las capacidades de los candidatos. Según la ENAE 2024 de la Oficina Nacional de Estadística, el 55.8% de las empresas que tuvieron vacantes enfrentó dificultades para encontrar personal adecuado. Entre las afectadas, el 69.3% señaló insuficientes postulantes con las habilidades técnicas requeridas. Estas cifras abarcan distintas actividades económicas, no solamente tecnología.
Una referencia más cercana al sector la ofrece el Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA). En octubre de 2026, su rector, Jimmy Rosario Bernard, informó que la empleabilidad de sus egresados supera el 90%. Aunque este indicador no permite calcular cuántos especialistas faltan en el país, constituye una señal favorable sobre las oportunidades de la formación tecnológica.
El panorama internacional también aporta orientación. En la encuesta mundial de Linux Foundation de 2026, realizada entre 400 participantes, el 47% de las organizaciones reportó personal insuficiente en ingeniería de inteligencia artificial y aprendizaje automático; el 40%, en ciberseguridad y cumplimiento; y el 29%, en computación en la nube. Son necesidades reportadas, no contrataciones garantizadas.
¿Qué recomendaría estudiar? Para quienes disfrutan la lógica y la creación de soluciones, Ingeniería de Software, Sistemas o Informática ofrecen una base versátil. Conviene aprender programación, bases de datos, pruebas y seguridad. La inteligencia artificial ayuda a escribir código, pero el profesional debe comprenderlo, verificarlo y asegurar que resuelva el problema planteado.
Quienes tienen afinidad por los números y los negocios pueden orientarse al análisis de datos. Excel avanzado, SQL y Power BI permiten comenzar a convertir información en decisiones. Luego pueden profundizar en estadística, Python y ciencia de datos. Esta ruta también complementa carreras como contabilidad, administración, mercadeo e ingeniería industrial.
Ciberseguridad y computación en la nube merecen especial atención por las necesidades identificadas. Ambas requieren fundamentos: redes, sistemas operativos, gestión de accesos y capacidad de diagnóstico. Un curso introductorio puede despertar interés, pero desarrollar competencias profesionales exige práctica. Para quienes prefieren máquinas y procesos industriales, electrónica, mecatrónica y automatización ofrecen otras rutas que conviene explorar.
Tampoco debemos reducir las opciones a una licenciatura. La formación técnica superior puede ser una primera etapa para trabajar y continuar estudiando. Al comparar programas, recomiendo revisar sus laboratorios, proyectos, pasantías y vínculos con empleadores. La calidad de la experiencia formativa importa tanto como el nombre de la carrera.
Las certificaciones tecnológicas añaden una ventaja: muchas tienen reconocimiento internacional. Credenciales de Fortinet, Amazon AWS, Oracle, Google o Microsoft permiten acreditar conocimientos ante empleadores de distintos países y fortalecer candidaturas para oportunidades presenciales o remotas. Ese alcance mundial amplía el horizonte de un profesional dominicano, aunque cada empresa establece sus requisitos de experiencia, contratación y ubicación.
Es importante distinguir una certificación profesional de un certificado de participación. Antes de invertir, debemos verificar quién emite la credencial, cómo evalúa las competencias, cuánto cuesta y si requiere renovación. La certificación debe acompañar conocimientos demostrables, no convertirse en una colección de diplomas sin aplicación.
Para aprovechar las oportunidades internacionales, el inglés resulta fundamental, junto con la comunicación, la organización y el trabajo en equipo. Un portafolio con una aplicación funcional, un tablero de datos o un laboratorio documentado permite mostrar capacidades concretas. Las pasantías ayudan a conectar el aprendizaje con problemas reales.
A los jóvenes les recomendaría elegir una base que les interese, desarrollar experiencia y especializarse progresivamente. A quienes ya estudian otra profesión, incorporar datos, automatización e inteligencia artificial a su campo. La oportunidad está en aprender a resolver problemas y seguir actualizándose. Así podemos transformar conocimiento en productividad, desde República Dominicana y con posibilidades de trabajar para el mundo.
