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Soluciones urgentes para el arroz


Con la seguridad alimentaria no se juega. Es una lección que debieron aprender muchos cuando el Covid paralizó el transporte marítimo y canceló la mayoría de los vuelos, retrasando las importaciones de comida. En la RD, sin embargo, nadie pasó hambre por la pandemia, al ser un país autosuficiente en los productos de su canasta básica.

El arroz es un buen ejemplo: en 2025, año en el que debió abrirse totalmente el mercado a las importaciones estadounidenses, la RD produjo 14.8 millones de quintales, equivalente a 96% de su consumo.

Para ese año ya el arroz importado representaba en El Salvador 97%, en Costa Rica, Guatemala y Honduras 90%, en Nicaragua 42% y en Panamá 23% del consumo total de esos demás países miembros del DRCAFTA.

Mientras que en 2007 el costo unitario del arroz dominicano era 113% superior al estadounidense, para 2025 la brecha se había reducido a 34%. No porque subiera la productividad dominicana, sino porque aumentaron los costos en EE.UU.

La productividad sigue siendo baja: 4.5 quintales de arroz descascarado por tarea, frente a la cifra récord de 8.4 alcanzada en EE. UU.

Con la eliminación de las medidas adoptadas en 2024, la RD abrió definitivamente su mercado a las importaciones de arroz estadounidense.

Esto se veía venir. La RD fue invitada originalmente a negociar, se tardó en aceptar y luego no tuvo más remedio que adherirse a lo negociado por Centroamérica, región en la que, como hemos visto, la capacidad de producción arrocera se encuentra en franco retroceso.

La RD mantuvo su capacidad productiva con programas de pignoración financiados desde 2007. Pero la elevada brecha de costos unitarios demuestra que la transformación productiva requerida para sobrevivir la apertura comercial todavía está pendiente.

¿Cómo evitar ahora el desplome de la producción nacional y sus inevitables consecuencias sociales?

Falta un plan integral que no trate a todos productores arroceros como si fueran iguales, pues lo que habrá que hacer para asegurar su supervivencia dependerá de su condición respectiva, documentada en un censo riguroso.

Los que puedan competir tendrán fincas de buen tamaño, localizadas en terrenos aptos que puedan nivelarse, con capacidad de molienda y acceso al crédito.

Habrá también pequeños productores en tierras adecuadas que pudieran asociarse para recibir asistencia técnica y semillas certificadas por el IDIAF.

Estos dos primeros tipos de productores podrían sobrevivir al libre comercio, siempre y cuando reduzcan costos y eleven rendimientos.

Para ello deberán cambiar del riego por inundación al riego intermitente. Tendrán también que nivelar sus terrenos. Y sobre todo contar con semillas certificadas.

Todas estas medidas han sido aplicadas en Uruguay y Perú, con ahorros de 25% y 30% de agua, respectivamente, y aumentos de productividad del 23%.

El tercer tipo de productores operarían en tierras marginales con poco rendimiento y mínimo acceso al agua. Sus tierras podrían reconvertirse a la producción de cultivos con menores requisitos de irrigación y alta demanda nacional, como batata, guandules, habichuelas y sorgo. Este último es un potencial sustituto de alimentos importados para el ganado y es también altamente nutritivo para el consumo humano.

Con el cuarto tipo de productores no quedaría más remedio que programar su retiro digno de la producción agropecuaria. Sus terrenos de poca vocación agrícola sin acceso al riego podrían arrendarse a cambio de un ingreso fijo mensual, para reconvertirlos en fincas forestales que ayuden a revertir la reforestación, generando créditos por captura de carbono.

No habrá reconversión exitosa sin condicionar la pignoración, a partir de ahora, a la obtención de reducciones de costos, y sin cobrar por la irrigación para inducir la transición al riego intermitente, desincentivando el dispendio que conlleva usar 40% del agua dulce dominicana sólo para cultivar arroz.

Ahora que se pasó el arroz al libre comercio, todavía es posible preservar la seguridad alimentaria, y la paz social, transformando sus condiciones productivas con soluciones urgentes como las aquí sugeridas.

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