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Comedia peligrosa


La edad de la inocencia quedó atrás. Desconocer o aparentar ignorancia cuando se trata de los tejemanejes políticos es pose ridícula que a pocos convence.

El Cambio llegó triunfante -2020- con una procesión similar al paseo de la Dolorosa cada Viernes Santo. El colectivo lamentaba el latrocinio cometido por las hordas moradas. Para convencer y vencer, la exitosa estrategia exigía denostar a todo aquel que intuyera el objetivo del proyecto o rechazara la manipulación y el sonsonete de la virtud fementida propalado hasta el hartazgo.

El plan incluía la arremetida de deidades inexpugnables y vociferantes con licencia para difamar. Además, exhibía la esencia de un PRM preocupado por el comportamiento de cada uno de sus integrantes. Vigilante para detectar conductas delincuenciales y financiamientos espurios adecuados para conseguir votos. Seis años después motivos sobran para evaluar y restar más que sumar, aunque la narrativa es un soporte extraordinario e imprescindible y el altar conserve devociones que la evidencia arriesga.

El partido oficial enmudece cuando la adversidad acecha. Se aparta, desconoce, finge reflexión. Prefiere la labor de zapa para continuar al mando, lo demás es convertido en incidente sin importancia.

Los narcos políticos del régimen fueron beneficiarios de la paciencia oficialista hasta que las sentencias- made in USA– obligaron pronunciamientos. Es la jefatura del partido que decide el talante de las personas necesarias para mantener el poder, cueste lo que cueste y cuesta mucho.

La real politik se impuso desde el primer día, pero con suficientes subterfugios para excusar y acallar.

Cuando se divulgó el enfrentamiento en Comendador de la diputada -miembro del PRM-, ex gobernadora de la provincia Elías Piña, con unos agentes de la PN, algunos creyeron que su partido se pronunciaría. Otros, a regañadientes, reconocieron que en cada municipio los representantes del oficialismo tienen su coto apto para demostrar poder y alimentar el clientelismo. Realidades incómodas para la elite que urdió el tinglado.

Antes de verificar los hechos y confirmar quién agredió a quien la criticable prisa coyuntural transformó la Cámara de Diputados en una trinchera donde se produjo una alharaca descomunal sin investigación previa.

Respaldaron a la diputada que tuvo el tupé de mentirle a sus pares, a su comunidad, al partido, al país. La presteza de la Cámara, preocupada por un agravio inexistente, no ha sido proporcional a la reacción que ameritaría el exterminio de “presuntos delincuentes” que por orden presidencial ejecuta la PN.

Fieles al populismo que mantiene curules, comenzaron a disparar sin la puntería de los agentes de la PN. Las gradas aplaudieron hasta que la prueba arriesgó el momento.

El relato de lo acontecido, la inmediatez para reaccionar apelando al discurso que convoca, convirtió en farsa peligrosa el acontecimiento. Mentiras tras mentiras, proclamas tras proclamas y las autoridades turulatas buscando razones. La fragilidad institucional está cada vez más expuesta.

Y como por arte de magia advino la calma. El director de la PN y la diputada firmaron un texto que sin mencionar la Constitución ni las leyes establece que: “Ambas partes acordaron dar por superada la situación”. Así fue validada otra comedia institucional en el país sin hambre.

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