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El honor de ser legislador


De los honores que la democracia puede conferir a un ciudadano, ser elegido para representar al pueblo en el Congreso Nacional es uno de los más trascendentes. No se trata simplemente de ocupar un cargo público, sino de asumir la responsabilidad de crear leyes, representar a la ciudadanía y fiscalizar el ejercicio del poder.

En la República Dominicana, el Congreso Nacional está integrado por 222 legisladores, 190 diputados y 32 senadores, distribuidos en dos cámaras. Sin embargo, más allá de su composición, cabe preguntarnos: ¿hemos comprendido realmente qué significa ser legislador?

Una parte de la ciudadanía todavía percibe al legislador como un gestor de favores, responsable de conseguir empleos, entregar ayudas o resolver problemas particulares. Pero esta visión no es responsabilidad exclusiva de los electores. También se alimenta de prácticas políticas que confunden la representación con el asistencialismo y la promoción personal.

La función legislativa exige mucho más. Implica estudiar los problemas estructurales del país, proponer soluciones sostenibles y actuar pensando no solo en una demarcación, sino en el interés general de la nación.

La diversidad social y profesional del Congreso enriquece la democracia. La dignidad del cargo no depende del origen social ni exclusivamente del nivel académico, sino de la integridad, la preparación, la capacidad de deliberación y el compromiso con la ley. Representar a la sociedad no significa reproducir sus vicios, sino contribuir a superarlos mediante el ejemplo y la responsabilidad pública.

Cuando surgen investigaciones o procesos judiciales contra legisladores por presuntos delitos, corresponde a la justicia determinar las responsabilidades respetando el debido proceso. Al mismo tiempo, estos casos invitan a fortalecer la selección de candidatos, la transparencia y la rendición de cuentas.

En una época marcada por la inteligencia artificial, la transformación tecnológica, los desafíos educativos y la competencia económica, el país necesita un Congreso con visión de futuro. Una agenda legislativa capaz de impulsar la productividad, fortalecer las instituciones, mejorar los servicios públicos y promover un desarrollo inclusivo.

Esto no significa desatender las necesidades locales, sino abordarlas con rigor. Cada iniciativa, ya sea educativa, territorial, comercial o económica, debe responder a una necesidad comprobable, sustentarse en evidencia y demostrar su contribución al bienestar colectivo.

Legislar no consiste en acumular proyectos ni en procurar que el nombre de un representante aparezca asociado a cada nueva ley.

A ello se suma la fiscalización, una responsabilidad esencial para examinar el uso de los recursos públicos, exigir explicaciones y contribuir al equilibrio entre los poderes del Estado.

Ha llegado el momento de elevar nuestra comprensión de la representación política. Los ciudadanos debemos valorar a nuestros representantes por sus resultados y no únicamente por los favores que consiguen. Los partidos deben seleccionar candidatos conscientes de la trascendencia del cargo, y los legisladores deben entender que su legado depende de la calidad de sus decisiones.

Ser legislador es recibir temporalmente la confianza del pueblo y convertirla en trabajo, criterio, responsabilidad y servicio.

La República Dominicana necesita legisladores que se aparten de las nimiedades, que no se limiten a reaccionar ante las urgencias del presente, sino que contribuyan a construir el país del mañana.

Porque el verdadero honor de ser legislador no reside en ocupar un asiento en el Congreso Nacional, sino en honrar, con hechos y resultados, la confianza que el pueblo ha depositado en él.

Diputada Millys Martínez



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