El llamado a huelga del Colegio Médico Dominicano para hoy pone de manifiesto los dilemas que enfrenta el país en la asignación de recursos al sector salud. El proyecto de presupuesto para 2027 contempla casi RD$200,000 millones para el Ministerio de Salud Pública, una cifra cuantiosa pero que apenas representa cerca del 2.1 % del PIB. Las restricciones fiscales dificultan aumentos significativos de los recursos, por lo que resulta indispensable prestar mayor atención a cómo se utilizan.
Entre las prioridades anunciadas por el Gobierno figura el fortalecimiento de la atención primaria. Es una orientación acertada, particularmente frente a la elevada incidencia de las enfermedades crónicas no transmisibles, responsables de alrededor de dos tercios de las muertes en el país. Evaluaciones recientes han identificado importantes debilidades en la capacidad de los centros de atención primaria para diagnosticar y dar seguimiento a estas enfermedades. En 2024, apenas algo más de la mitad de las unidades disponía de información sobre las familias y la población de su territorio. También se identificaron deficiencias de equipamiento y problemas de suministro de medicamentos.
Desde entonces se han producido avances. La estrategia HEARTS, dirigida a mejorar la prevención y el control de la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, se ha extendido a buena parte de los centros de primer nivel. Esa expansión debe traducirse en más diagnósticos oportunos y pacientes con sus enfermedades efectivamente controladas. Para conseguirlo hacen falta recursos, pero también organización y eficiencia.
Las reivindicaciones del Colegio Médico merecen atención, pero sus demandas tienen que conciliarse con las numerosas necesidades del sistema sanitario. La discusión no puede limitarse a cuánto se destina a cada sector o grupo. La distribución de los recursos públicos debe responder a un objetivo que no podemos perder de vista: ofrecer mejores servicios de salud y reducir las muertes evitables.
