Por Enrique Fernández Malla
El país lleva tiempo conversando sobre cómo preparar a sus jóvenes para el mundo en el que van a vivir. Los resultados de PISA 2025, conocidos en estos días, hablan de matemáticas, lectura y ciencias; en 2027 hablarán, por primera vez, del inglés de nuestros adolescentes. Sumamos a esa conversación una convicción sencilla: esa preparación empieza en los primeros años de vida.
El inglés abre hoy puertas más grandes que un empleo o una beca. Es el idioma de la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial. Esta ya no es una conversación sobre idiomas, sino sobre el futuro competitivo del país: el inglés es parte de la infraestructura del capital humano, y como toda infraestructura se levanta desde los cimientos: la infancia.
La ciencia lo confirma: los primeros años son una etapa privilegiada para adquirir idiomas; los niños no estudian una lengua, la absorben jugando, cantando, escuchando cuentos. Con una advertencia: empezar temprano solo rinde si se sostiene con intensidad, metas ambiciosas y medición.
PISA nos dice algo más. Solo veintitrés de cada cien jóvenes dominicanos alcanzan el nivel básico en lectura. Si no comprenden bien lo que leen en español, no esperemos que lo comprendan en otro idioma. Leer es una sola competencia, en cualquier lengua; el niño que lee y razona bien en la suya aprende la segunda mucho más rápido. El verdadero reto no es solo enseñar inglés, sino desarrollar la comprensión lectora y el pensamiento crítico que lo hacen posible. No habrá buen inglés sin buenos lectores, y ambos se siembran en los mismos años: los primeros.
Los datos que el propio país reportó a la OCDE muestran por dónde puede darse el próximo salto. El inglés obligatorio empieza a los nueve años, cuando en la mitad de los países empieza a los siete o antes. La meta a los quince es el nivel A2, una de las más modestas de la tabla; Grecia y Uruguay se proponen B2. No existe todavía una prueba estandarizada antes del bachillerato. Y a los docentes de secundaria se les pide B2, cuando la mayoría de los sistemas pide C1. En resumen: empezamos tarde, apuntamos bajo, no medimos en el camino y pedimos a nuestros docentes menos que la mayoría. Nada de esto depende del bolsillo de las familias; todo depende de decisiones que el país está en condiciones de tomar.
El niño que crece en un hogar con recursos suele aprender inglés desde pequeño; el que crece en un hogar humilde lo encuentra tarde y en dosis pequeñas. El inglés, como tantos otros indicadores de superación, depende demasiado de dónde se nace y se vive; esa desigualdad no es de hoy ni es solo del idioma, pero el idioma la refuerza. Llevar inglés de calidad a la escuela pública desde los primeros grados es darle a cada familia, sin importar su bolsillo ni su provincia, la misma llave para las mismas puertas.
El Instituto Cultural Domínico Americano —el Domínico, como lo llaman tantas familias— enseña inglés desde 1947. Sabemos que una institución que enseña inglés opina aquí sobre inglés; por eso nos apoyamos en datos públicos de la OCDE, y lo que compartimos no es una oferta, sino un insumo para la conversación técnica que ya sostienen el Ministerio de Educación y la comunidad docente. Nuestra experiencia sugiere una secuencia por etapas: en el Nivel Inicial, inglés a través del juego y los cuentos; en la Primaria, leer y escribir en los dos idiomas a la vez; en la Secundaria, usarlo para aprender otras cosas; y al terminar el Bachillerato, un nivel de salida —que el país deberá definir— que permita estudiar, trabajar y competir en igualdad de condiciones. Para lograrlo hacen falta metas claras por etapa, apoyo sostenido a los maestros y constancia más allá de cualquier gobierno.
Costa Rica, con un desarrollo comparable al nuestro, empieza a los siete años, mide a los once y hoy nos supera en PISA. El inglés de nuestros hijos no es un lujo: es una de las herencias más valiosas que podemos dejarles. Y el mejor momento para empezar es ahora, cuando son pequeños y el mundo entero les cabe en la imaginación
(El autor es director ejecutivo del ICDA y rector de la UNICDA).
