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Cómo salir de la trampa del rendimiento, eres más que tu agenda


Existe un cansancio silencioso que no deja marcas visibles en la piel y que va apagando la paz interior: la creencia de que el valor personal se construye con lo que uno logra, resuelve o produce.

Le llamo la trampa del rendimiento. Es una dinámica psicológica en la que la identidad se fusiona con el desempeño laboral, social o familiar, y la vida se convierte en una carrera sin línea de meta.

En consulta observo a diario las cicatrices invisibles de esta autoexigencia. Hombres y mujeres llenan su agenda para no quedarse a solas con lo que sienten, y responden ¨todo bien, solo con un poco de estrés¨ mientras por dentro habita un vacío profundo.

Un día despiertan y descubren que su hogar, sus relaciones y su salud se volvieron áreas de metas y control, y que la capacidad de simplemente ser quedó en pausa.

El filósofo Byung-Chul Han lo describe con precisión en La sociedad del cansancio: pasamos de la sociedad del deber a la sociedad del rendimiento. Ya no hace falta un jefe que exija, porque cada persona se exige a sí misma bajo la promesa de la realización personal.

Quien exige y quien se agota es la misma persona, y el resultado es un agotamiento crónico que impacta la mente y el cuerpo.

La ciencia respalda la importancia de atender este tema. La Organización Mundial de la Salud incluyó el burnout en la CIE-11 (2019) como fenómeno ocupacional. Un estudio conjunto de la OMS y la OIT (2021) asoció trabajar 55 horas o más por semana con un 35% más de riesgo de accidente cerebrovascular y un 17% más de riesgo de muerte por cardiopatía isquémica. Cada hora de descanso es una inversión en salud.

Esta dinámica se vive en lo cotidiano. La psiquiatra Marian Rojas Estapé explica que el estado de alerta constante mantiene al organismo inundado de cortisol, la hormona del estrés.

Cuando la paz depende del resultado de las metas, el cuerpo vive en modo amenaza: bajar el ritmo genera culpa, descansar parece pérdida de tiempo y la excelencia se vuelve una exigencia diaria.

Desde la Terapia Centrada en las Emociones (EFT), cuyos fundamentos de apego desarrolló la Dra. Sue Johnson, la hiperproductividad puede funcionar como una estrategia de protección frente a heridas tempranas de desconexión o desvalorización.

Producir sin pausa se convierte en la coraza para asegurar el afecto y el reconocimiento de los demás. Esa coraza también limita la intimidad, porque conectar con la pareja o con los hijos requiere una mente presente en el momento y no en la siguiente tarea.

La buena noticia es que este patrón se transforma. Estas cuatro prácticas son un excelente punto de partida:

• Junto a tu lista de tareas, escribe tres cosas que quieres sentir hoy (calma, alegría, cercanía). Es una lista del ser.

• Un espacio diario o pausa de 10 minutos sin pantallas para respirar, caminar o mirar por la ventana.

• Define una hora en la que tu jornada termina y tu hogar recibe toda tu atención.

• Establece 15 minutos de presencia total con tu pareja o tus hijos, sin celular y sin agenda.

El descanso es una necesidad humana fundamental y se disfruta desde el primer día. Aprender a poner límites, tolerar la comodidad de hacer menos y redescubrir el valor propio en la esencia personal son pasos que la terapia acompaña con herramientas concretas.

Ir a terapia es un acto de liderazgo emocional, porque recupera la soberanía sobre la propia vida. Detenerse, soltar el control y mirarse con compasión es el primer paso para dejar de rendir y empezar a vivir.

El peso de sostenerlo todo y la soledad emocional del hombre proveedor

Dr. Manuel A. Castillo Rodríguez



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