“¡Píndaro! –exclama Herminio-, ¡estoy chocado al ver las formas en que se compromete cada día la dignidad!… El respeto por los demás –y, a veces por sí mismo- se ha ido a la basura… A propósito tendemos a ignorar que hemos sigo creados –y algunas veces formados para dar valor a nuestro propio yo y al ambiente que nos rodea… Dígase también a los demás de los demás”… “Lo que pasa” –mete la cuchara Píndaro-, “es que confundimos el final que queremos alcanzar con la utopía de que esta etapa se logra echando de lado a los principios… Al hacer esto, las fortalezas que necesitamos desarrollar con los años de experiencia son ignoradas y, por tanto, debilitamos todo el trayecto requerido para alcanzar una meta”… Herminio, que está en su estado de relajación espiritual de la mañana, mira ahora fijamente a Píndaro y le recuerda que “ese exceso de cada vez querer más sin haberlo cultivado, es la fuente rápida de la codicia, y el impulso a una posible deshonestidad… El peligro de caer en una falta de verdad está al acecho y nuestros impulsos nos podrían empujar a mentir o engañar… Es ahí donde nos vemos ante la pérdida de la ética… Una palabra que muchísimas veces es pasto de ganado”.
Píndaro, que sigue ahí atento a Herminio, reflexiona para sí: “¿Qué está pasando con nuestros jóvenes?… ¿Qué nos pasó a muchos de nosotros, que la educación se fue por debajo de la mesa?… Hoy, el deseo de ser más que los demás en lugar de ser más de los demás está llevando a nuestra población que fomentar una envidia soterrada –que muchos llaman ‘Bulling’-, con unas consecuencias de crueldad y odio cuyo cercano final no es más que un comportamiento desenfrenado, porque se piensa que debo hacer lo que nos da la gana… Nos convertimos en el producto de un afán de protagonismo avasallador, casi con características de desenfrenados”… Herminio, que ha estado concentrado en las expresiones de su Alter Ego, no pierde su tiempo y le comenta: “Estamos olvidando la importancia de que, con nuestro propio esfuerzo, sin atropellar a los demás, fomentamos la esencia de una invaluable vocación –que no es lo mismo que ‘Bocación’, pues los conocimientos se comen con el alma y el espíritu-, que nos permitirá autosuficiencia –sin soberbia ni egoísmo-, y una enorme solidaridad con nosotros mismos, con los demás y con los demás de los demás”.
“Estamos ante el desarrollo inminente de una galopante injusticia social -expresa Píndaro-… Hoy, con más frecuencia, tendemos hacia la falta de compromiso por defender pasadas causas perdidas y presentes sueños ‘de Pilarín’… Nos falta una pizca de confianza de nosotros mismos y, por causas del mismo ambiente que hemos permitido crear, caemos en la vorágine de avasallar nuestros propios principios para –creyendo que vamos en camino a una meta anhelada y supuestamente segura-, no tener la entereza de luchar con tenacidad para que cada paso que damos sea la creación de un sello indeleble y un ejemplo a seguir y quizás ser seguido por otros muchos que vendrán”… Herminio, que siempre está al acecho de las ocurrencias de Píndaro, exclama: “¡Ya está bueno de pensar y requerir de los demás lo que nosotros no hemos sido capaces, ni intentamos serlos, de fomentar… El principio de una justicia social debe nacer en el respeto por los principios básicos de convivencia, con una plena convicción de que una sociedad –que a veces la convertimos en ‘suciedad’- tiene todo el derecho de convertirse y mantenerse en una convivencia plena, donde desde arriba –dígase las autoridades que hemos elegido hasta nosotros, los demás ciudadanos.

