Las relaciones de pareja atraviesan diferentes etapas y algunas de ellas pueden representar un verdadero peligro para la estabilidad emocional y afectiva.
La llegada de los hijos, los problemas económicos, los cambios laborales, las enfermedades y hasta la rutina cotidiana figuran entre los momentos que requieren mayor atención para evitar que la conexión entre ambos se debilite.
Así lo explicó Francis Báez al ser entrevistada por el Periódico Hoy.
La psiquiatra señaló que uno de los momentos más delicados para una relación ocurre precisamente con la llegada de los hijos.
Aunque los hijos representan el fruto del amor de la pareja y, en principio, deberían contribuir a fortalecer la unidad familiar, Báez explicó que esta nueva etapa puede provocar que los padres comiencen a descuidar su vínculo como pareja.
“Son los momentos donde más las relaciones se descuidan, número uno, la madre, con el cuidado de los hijos y el trabajo siempre está agotada y ya su pareja pasa a un segundo plano, y número dos, el padre tiene que trabajar más, sacar tiempo también para dedicarle a ese hijo y se olvida de que también tiene que dedicarle tiempo a su pareja”, explicó.
En medio de esta dinámica, ambos pueden terminar dejando la relación en un segundo plano.
“Llega un momento tan fuerte, en que muchas veces los hijos entran en ese binomio y se hace un triángulo de la relación, el niño duerme a cama, ya se espacian los momentos de relaciones sexuales y de intimidad de ello”, precisó.
Báez también identificó como una señal de desgaste el momento en que ambos pierden el hábito de cuidarse mutuamente.
Francis Báez
El trabajo, los hijos, los amigos y otras responsabilidades pueden comenzar a ocupar el tiempo que anteriormente se dedicaba a compartir como pareja.
“Se va perdiendo el hábito del momento tuyo y mío y del compartir nuestro”, sostuvo.
A partir de ahí pueden aparecer las quejas constantes, el cansancio y la falta de espacios para conversar o compartir. Incluso actividades sencillas, como comer juntos o pasar tiempo de calidad, pueden desaparecer de la rutina.
La especialista explicó que este desgaste también puede reflejarse en el cuidado personal y en la manera en que cada miembro de la pareja percibe al otro.
“El esposo empieza a verla fea, ella comienza a molestarle el esposo porque quizás el agobio, el cansancio y lo poco ya detalles, entre ambos como pareja no existen, se sustituyeron por el cuidado y la responsabilidad de un hijo o del trabajo”, dijo.
La falta de atención, los pocos detalles y el agotamiento pueden generar malestar, distanciamiento y una pérdida progresiva del interés.
En ese escenario, también pueden surgir las comparaciones con otras parejas, al considerar que otras relaciones parecen ser mejores o más felices, una situación que, según Báez, debe llamar la atención de la pareja.
Los cambios importantes también ponen a prueba la relación
Por su parte, María Soranlly Grullón, psicoterapeuta, terapeuta familiar y de pareja, experta en abordaje integral en violencia señaló que las relaciones requieren especial cuidado cuando atraviesan cambios importantes.
Entre ellos los problemas económicos, los cambios de trabajo, las enfermedades y las mudanzas o cambios de domicilio.
También existen situaciones familiares difíciles que pueden aumentar la presión sobre la pareja y poner a prueba su capacidad para comunicarse, apoyarse y afrontar juntos las dificultades.
Sin embargo, Grullón destacó que no siempre se necesita atravesar una gran crisis para prestar atención a la relación. Existen señales cotidianas que pueden revelar que la conexión entre ambos se está debilitando.
“Cuando la rutina empieza a tener presencia en la vida de las parejas”, cuando dejan de compartir momentos, conversar o tener espacios de calidad, también es necesario detenerse y revisar qué está ocurriendo.
La importancia de cuidar el vínculo
Maria Soranlly Grullón
Las especialistas coinciden en que una relación no debe darse por sentada.
Las responsabilidades familiares, laborales y personales pueden cambiar con el tiempo, pero mantener espacios de comunicación, afecto, intimidad y compañía puede ayudar a preservar el vínculo.
La llegada de los hijos no significa que la pareja deba desaparecer detrás de los roles de madre y padre. Del mismo modo, los problemas económicos, las enfermedades o los cambios laborales no tienen por qué significar el final de una relación, pero sí pueden requerir mayor comunicación, comprensión y disposición de ambos.
Identificar a tiempo el cansancio, el distanciamiento, la falta de conversación, la pérdida de intimidad y la ausencia de momentos compartidos puede ser fundamental para atender el desgaste antes de que se convierta en una crisis mayor.
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