En el 2008 me adelanté a escribir el artículo que les reproduzco hoy. En aquel entonces vi lo que podría avecinarse y lo advertí. Y me preocupa que hoy, prácticamente la misma dirigencia de ayer con algunas pequeñas diferencias, aún no le dedique tiempo suficiente a analizar la situación del partidarismo en nuestro país. Porque continúo tratando de ser coherente con el planteamiento de que, al ritmo que vayan los partidos, a ese ritmo irá la democracia. Que si los partidos están cojos, así mismo lo estará la institucionalidad.
En aquel entonces, o sea, hace 18 años expresé: “Los partidos como la mayoría de sus dirigentes, con un accionar colectivo falto de contenido programático, han logrado colocarse en la misma vía por la que transitan. Con pasos y vestiduras bastante parecidos. Las diferencias son acaso de estilo, ya que no plantean prácticamente ninguna diferenciación conceptual que les permita a los ciudadanos formarse una idea más completa de cuál es la verdadera propuesta que motive a una participación más allá de lo puramente coyuntural”
“Algunos dicen que el proceso político se ha convertido en monótono y falto de creatividad. Que solo se resalta lo negativo o lo que mueve a posibles dudas. Que no hay elementos positivos en cuanto darle contenido a los planteamientos más allá de lo intrascendente. Salvo unos que otros planteamientos con perfiles un tanto académicos y probablemente poco comprendido por las mayorías. Porque no se han puesto en juego ideas nuevas o diferentes, ni razonamientos que provoquen en los ciudadanos, entusiasmo o motivaciones esperanzadoras”
“De continuar por este camino más allá de las elecciones del 2008, no hay que descartar, que ante la ausencia de un verdadero y real abanico de pensamiento político partidario, pudiera iniciarse un proceso acelerado de deterioro. Al no existir diferencias conceptuales o ideológicas, se podría estar estimulando la propagación de grupos y grupúsculos a todos los niveles, nacionales y municipales, donde las diferencias sean únicamente individualistas. Los jefes, las cabezas, porque en lo demás, son parecidos, para no decir iguales”
“La realidad es que el escenario luce una especie de limbo ideológico. Los grupos de poder se encargaron de tumbarles el pulso a los políticos y han procurado convencerlos de que todo es lo mismo aunque parezca diferente. Los políticos, que se pasaron el tiempo coqueteando con ellos para que les dieran su bendición, al parecer no tienen otro camino que complacerlos en esa corriente. Y como según ellos todo es lo mismo, muchos podrían encontrar estímulos suficientes para tratar de hacer un grupo a su imagen y semejanza, en la seguridad de que siempre habrá espacio para el mercadeo, sin importar que se les catalogue de transfuguismo”
“Si los dirigentes no producen un sacudimiento interno en los partidos tradicionales, capaces de provocar matizaciones determinantes que posibiliten diferenciarlos unos de otros, creando aglutinamientos soportados por pensamientos sociales, económicos y proyectos nacionales, podrían correr el peligro de que, existiendo por un lado una tendencia fragmentaria o atomizada enclavada en lo más profundo del pensamiento político nacional, y por otro, la tendencia al mesianismo, cuando desaparezcan las posibilidades de los dirigentes internamente o en el poder, pronto podríamos arribar a un escenario inesperado”.

