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Estados Unidos y China disputan el futuro del robot humanoide, una carrera que combina inteligencia artificial, chips, capital financiero y capacidad para fabricar máquinas a gran escala.
El humanoide encarna una antigua aspiración: construir una máquina capaz de moverse, usar herramientas y ejecutar distintas tareas en los mismos espacios que las personas. Su forma tiene una razón práctica para accionar con: puertas, escaleras, estantes, vehículos y equipos diseñados para el cuerpo humano.
A diferencia de un brazo industrial, especializado en repetir una operación, el humanoide busca adaptarse a las acciones humanas como: organizar objetos de modo lógico, acompañar en operaciones especializadas de alto nivel de racionalidad, etc. Este accionar lo convierte en un instrumento, en plataformas de trabajo genérico, y explica por qué Estados Unidos y China lo consideran una tecnología estratégica.
En Estados Unidos, la carrera de la robótica depende principalmente de empresas de capital privado. Tesla desarrolla Optimus; Figure AI prueba robots en tareas industriales; Apptronik impulsa Apollo y Boston Dynamics orienta su nuevo Atlas hacia fábricas diversas, etc. La apuesta estadounidense es combinar avances en AI, chips y computación para que el software le permita al robot ejecutar acciones con mayor autonomía y utilidad.
En cambio, China continúa una ruta apoyada por el Estado en su amplia base manufacturera. Empresas como Unitree, UBTECH, AgiBot y Fourier Intelligence, desarrollan humanoides, mientras el Estado fabrica a gran escala motores, baterías y sensores, con el objetivo de transformar prototipos en productos accesibles, con repuestos disponibles y producción masiva.
La diferencia ya se observa en la robótica industrial universal. En 2024, China instaló casi nueve veces más robots que Estados Unidos, y sus fabricantes superaron a los proveedores extranjeros en el mercado local. Estados Unidos conserva fortalezas en software y chips; China domina buena parte de la cadena de fabricación.
A pesar de lo antes expresado, la carrera apenas empieza; los humanoides permanecen en una etapa temprana y muchas demostraciones ocurren en ambientes preparados, todavía deben mejorar su equilibrio, capacidad de baterías, velocidad, destreza manual, seguridad y costos; además, necesitan demostrar que su flexibilidad compensa la mayor eficiencia de las máquinas especializadas. En consecuencia, su adopción será gradual. Primero ha llegado a fábricas, almacenes, centros logísticos, donde el entorno se puede controlar y el beneficio económico medirse. El robot doméstico capaz de llevar a cabo acciones domésticas y resolver cualquier imprevisto, continúa ampliando su desarrollo a una velocidad vertiginosa.
La competencia trasciende la venta de máquinas: abarca datos, patentes, normas técnicas y cadenas de suministros. Quien combine inteligencia, bajo costo y producción masiva podrá fijar parte de las reglas de esta industria que va expandiéndose por la geografía universal, reduciendo accidentes y elevando la productividad, pero también desplazando empleos.
El desafío global es formar técnicos, actualizar la educación y aprovechar la robótica en su máxima expresión, combinada con la IA. Estamos convencidos que el desafío es grande, pero, actualmente, se está enfrentando con éxito.
Investigador colaborativo: Diógenes Santos

